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Por Eduardo López Betancourt
Detenido por ocultar evidencia
Es un destacado político guerrerense. Recientemente fue detenido por orden judicial, que le imputa el ocultamiento de evidencia relacionada con la desaparición de los 43 normalistas.
Aguirre ha sido luchador toda su vida. Llegó a gobernar su estado natal en dos ocasiones: la primera, para sustituir a Rubén Figueroa Alcocer a raíz del conflicto de Aguas Blancas, donde hubo violencia y muerte de campesinos; la segunda, de manera contundente, al obtener el triunfo de la gubernatura frente al partido hegemónico del país, el PRI. Sin embargo, el conflicto derivado de la desaparición de los 43 de Ayotzinapa lo obligó a renunciar, más que nada para convertirlo en un “chivo expiatorio”.
Después de tantos años de la terrible tragedia de Iguala, se le imputan hechos bastante cuestionables, dado que su participación en aquellos acontecimientos nunca se comprobó; en cambio, se le tuvo que “sacrificar” en circunstancias sumamente sospechosas, cuando bien sabemos que fue la actuación del Ejército mexicano la que mantuvo un papel preponderante en la muerte de los 43 normalistas. Y aunque se hable de desaparecidos, debemos aceptar la triste realidad de que fueron aniquilados y sus cuerpos destruidos, sin duda alguna.
Ángel Aguirre merece respeto. Bajo ningún concepto se le puede considerar un delincuente mientras no se le comprueben conductas ilícitas; la presunción de inocencia debe prevalecer de manera evidente, sin que este caso se convierta en uno más de simple venganza, odio o rencor, solo por sostener un pensamiento distinto al que suele considerarse oficial.
Me consta que Aguirre Rivero fue un entusiasta político que dejó buena huella en su entidad. Al final de cuentas, la política mexicana es sangrienta, roza la crueldad y toma derroteros donde la infamia y la perversidad están presentes.
Deseamos que el caso de Ángel Aguirre Rivero se resuelva con seriedad y formalidad, considerándolo siempre inocente, posible víctima de errores judiciales o de investigaciones falaces. Un abrazo solidario para Ángel Aguirre Rivero.