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Por Ricardo Sevilla
Ciro Gómez Leyva no hace periodismo. Presenta opiniones, noticias tendenciosas y las editorializa. Eso lo sabemos perfectamente.
Lo que asombra es su desconexión con la realidad. Ayer, el conductor de Radio Fórmula publicó, muy quitado de la pena, que habían recibido un adelanto de medio millón de pesos por sus memorias editadas por la editorial española Planeta.
La confesión espontánea de Ciro es interesante y revelador. Y es que el columnista de Excélsior, nadando en sus privilegios desde hace sexenios, no se percató de la realidad que lo circunda, pero que él jamás ha tocado ni padecido.
¿Y cuál es esa realidad? Que mientras la élite de los comentócratas que tienen sus guaridas en los grandes corporativos de información, cobran sumas estrafalarias por narrar vivencias personales, la gran mayoría de los periodistas, reporteros y editores padece la precarización, el riesgo y la falta de garantías en sus trabajos.
Las cifras resultan aplastantes. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) y el Observatorio Laboral, el sueldo promedio de un periodista en nuestro país oscila entre los $7,000 y $12,000 pesos mensuales.
Y eso no lo sabe ni lo entiende Ciro, porque vive en su torre de marfil, al lado de un puñado de personajes que han hecho del periodismo un negocio millonario.
Es triste –y muy revelador, insisto– que el anticipo que Gómez Leyva percibió como cotidiano– equivale a más de cuatro años de trabajo de un periodista de a pie.
¡Qué disparidad! En este país –y en este gremio– la mayor de los reporteros independientes investigan sin viáticos, sin seguro de vida y bajo la constante amenaza de demandas por daño moral que, si se presentan, debe financiar de su bolsillo.
¿Realmente vale ese medio millón de pesos el libro testimonial de Gómez Leyva? ¿Usted cree que una investigación a fondo sobre la corrupción, el desvío de recursos, las devastaciones ecológicos, los vínculos con el crimen organizado de los políticos y el empresariado lo paguen igual? ¡Desde luego que no!
¿Sabe cómo se llama esto? Feudalización del campo editorial. Y es que la industria editorial promueve a estos “periodistas”, como si fueran estrellas de la farándula, relegando el trabajo (serio y de investigación) a un plano casi marginal. Y eso usted debe saberlo, de una vez por todas.
¡Medio millón por los chismes de Ciro! ¡Carajo!