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Voces

La verdad Irrelevante

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Por Xóchitl Bravo Espinosa

Defensorías de las audiencias 

En democracia, cuestionar al poder no sólo es legítimo; es indispensable. Una prensa crítica, libre e independiente fortalece la vida pública. Pero esa libertad no puede significar que los hechos sean opcionales ni que una falsedad se vuelva aceptable porque sirve para sostener una narrativa.

Las audiencias también tienen derechos. Tienen derecho a recibir información sustentada; a distinguir entre hechos y opiniones, y a exigir rectificaciones cuando un medio publica información falsa o carente de sustento. De ahí la importancia de las defensorías de las audiencias. No para censurar contenidos ni silenciar voces críticas, sino para fortalecer la responsabilidad frente a quienes reciben la información.

Exigir rigor periodístico no es censura. Es pedir algo elemental: verificar antes de publicar, contrastar fuentes y corregir cuando se comete un error. Porque una nota puede afectar reputaciones, instalar sospechas y generar consecuencias que difícilmente desaparecen con una aclaración posterior.

Un caso reciente lo demuestra. Un diario nacional publicó información que vinculaba al expresidente López Obrador con el escritor Carlos Monsiváis mediante insinuaciones que no fueron acreditadas. La familia del ensayista exigió una disculpa pública. El medio reconoció fallas y anunció que reforzaría sus mecanismos de verificación. Sin embargo, la información ya había circulado y el daño estaba hecho.

El periodismo verdaderamente incómodo para el poder es el que investiga, documenta y demuestra. El que revela lo que alguien quiere mantener oculto. No se necesita fabricar sospechas ni convertir inferencias en hechos.

En tiempos de redes sociales, desinformación y contenidos que recorren el país en segundos, defender la verdad también es defender la democracia.

La libertad de prensa es innegociable y debe seguir siéndolo. Pero libertad no significa ausencia de responsabilidad. Podemos debatir opiniones, interpretaciones e ideologías; podemos cuestionar al gobierno y a quienes ejercen responsabilidades públicas. Lo que no podemos normalizar es que la verdad se vuelva irrelevante.

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