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REDACCIÓN
GRUPO CANTÓN
En el municipio mexiquense de La Paz las partes altas de San Isidro y San Sebastián, la llegada de las lluvias no representa alivio, sino una amenaza para miles de familias que viven entre aguas residuales, fosas sépticas saturadas y un servicio de agua potable que, aseguran, llega en condiciones insalubres.
La falta de infraestructura básica mantiene a estas comunidades en una situación de abandono que, denuncian, se ha prolongado durante décadas.

Más de 15 mil habitantes conviven diariamente con un problema que trasciende la carencia de servicios públicos. En calles sin drenaje, los escurrimientos mezclados con desechos recorren caminos de terracería donde transitan niños, adultos mayores y trabajadores.
Cada temporada de lluvias incrementa el riesgo de enfermedades gastrointestinales, infecciones en la piel y contaminación ambiental. Los vecinos afirman que el agua distribuida por la red presenta mal olor, sedimentos e incluso larvas, situación que obliga a muchas familias a destinar parte de sus ingresos a la compra de garrafones o al almacenamiento de agua llevada por pipas, las cuales no siempre cumplen con los recorridos programados.
A la crisis sanitaria se suma la falta de alumbrado público y pavimentación. Durante las noches, varias calles permanecen completamente oscuras, favoreciendo robos y agresiones. Habitantes aseguran que la presencia policial es escasa debido al mal estado de los caminos, lo que incrementa la sensación de inseguridad entre quienes regresan de trabajar.
Los colonos sostienen que han solicitado durante años la construcción de una red de drenaje y mejoras en el suministro de agua; sin embargo, las respuestas oficiales se limitan a promesas, estudios técnicos o soluciones temporales que no atienden el problema de fondo. Para muchas familias resulta imposible pagar el desazolve constante de fosas sépticas, cuyo costo representa una carga económica difícil de asumir.
