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Paraguay, la senadora Celeste Amarilla arremete con insultos racistas a un jugador por su color de piel “Francia no es la Francia de Mbappé”, “en vez de leche materna, chupaba cocos”, “lo más instruido que escuchó eran chimpancés” “camerunés colonizado”, fue lo menos que profirió.
En Argentina, un conductor de televisión, Eduardo Feinmann arremete contra los mexicanos: “los odio a los mexicanos, “la envidia que los mexicanos le tienen a los argentinos, no solamente en el fútbol, en todo. Nos envidian, quieren ser como nosotros y no les da el piné (talento)”. En México, Pedro Sola, conductor de Televisión Azteca, ofendió a la opinión pública al declarar, refiriéndose a los perros en lugares públicos: “con ganas de aventarles un trozo de carne envenenada (…) con ganas de darle un balazo a los dueños”.
Las disculpas de los tres, debido a la presión pública fueron torpes y falsas, de la paraguaya: “mis publicaciones fueron producto de un arrebato (…) me arrepentí y borré la publicación”. Del argentino: “hablaba de fútbol, no de los mexicanos”, contradiciendo sus propias palabras: “no solamente en el fútbol, en todo”.
Del conductor mexicano, que no fue capaz de disculparse sin leer un texto contradictorio para finalmente justificar con la edad y que “son otros tiempos” la incitación clara al delito que dijo en televisión abierta y que fue coreado con risas y afirmaciones por sus compañeros de panel, aunque solo el de la voz se disculpó y antes lo hiciera el dueño de la televisora.
¿Qué tienen en común estos tres casos? las falsas disculpas y la victimización como intento de lavar la imagen, el odio, xenofobia y el prejuicio, el desprecio de clase sean personas, pueblos o seres sintientes y que no borra una explicación simple y emocional.
Odio que semanifiesta cada vez que el status se siente amenazado por el “nosotros”. Los trescometieron delitos en sus dichos, pero ninguno será sancionado más que socialmente porque estamos en los tiempos en que el odio vende, genera reacciones para bien o para mal, pero el discurso de odio deshumaniza, estigmatiza, polariza e invariablemente incita a la violencia al tiempo que poco a poco construye identidad: nosotros/ellos, y lo más peligroso, contribuye a normalizar el prejuicio tal como lo está en los discursos cotidianos de Trump. El que se haya reaccionado con tal furia por parte de la opinión pública en los tres casos, al menos da la esperanza que no todo está perdido y que los límites sociales son lo suficientemente fuertes para condenar lo que de ningún modo puede ser lo cotidiano.
Ana María Vázquez
Dramaturga/Escritora
@Anamariavazquez