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Por Eduardo López Betancourt
Esa maldita práctica, perversa e infernal, en la que particularmente los medios de comunicación dan por hecho que una persona ha delinquido cuando aún no se le ha dictado sentencia definitiva.
En México se habla mucho del principio de inocencia: se invoca, se le rinde reconocimiento formal. Las autoridades aseguran que en su nuevo sistema judicial (los juicios orales) dicho principio se respeta como nunca antes; nada más falso que eso.
En la actualidad, las fiscalías, de manera perversa, inmoral y ladina, dan a conocer a la prensa investigaciones o acusaciones que no han sido debidamente probadas y que suelen resultar falsas. Al final, esto causa un daño irreparable a quien lo padece: el desprestigio social, la herida moral… ¿quién puede responsabilizarse de ello? ¿Cómo es posible reparar el daño causado cuando, además, es evidente que iniciar un proceso contra la autoridad por las afectaciones sufridas, producto del exhibicionismo y la irresponsabilidad, nunca prospera? México es un país donde la inmundicia es evidente, pero con mayor intensidad en el ámbito de la justicia.
Recientemente, una dama respetable fue exhibida sin mayor consideración en los medios de comunicación, por instrucciones, en el mejor de los casos, de la fiscalía de la República, señalada como culpable de un delito. Su vida familiar, personal y social ha sido dañada de forma irremediable. Consideramos esto un acto criminal y aspiramos a que algún día esos sombríos sujetos, ignorantes del derecho, de juicio obtuso y proceder desmedido, ajeno a lo humano, sean juzgados con el rigor que merecen, pues representan además los peores actos de corrupción, sin dejar de lado el amiguismo y el nepotismo: lacras cada día más evidentes en un sistema cada vez más distante de su compromiso con la sociedad.
Esta dama, lastimada y ofendida de manera cruel, merece admiración por su entereza y firmeza, y más aún por haber sido víctima de las infamias de las que una mente perversa es capaz, olvidando que se trata de una mujer y que, en un gobierno que hoy encabezan mujeres, deberían ser precisamente ellas quienes más se preocupen por su causa.