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Por Eduardo López Betancourt
elb@unam.mx
Cotidianamente se dan matrimonios en los que una persona es mayor que su pareja. Generalmente es el varón quien tiene más años, pero también se presenta el caso contrario. De estos últimos tenemos el ejemplo del presidente francés Emmanuel Macron, quien se casó con su esposa, mayor que él, Brigitte Macron, ya que él, y en general el hombre que cuenta con más años, suele ser quien se casa con mujeres jóvenes. Casos como este son históricos, como el de Michael Douglas y Catherine Zeta-Jones, quienes tienen 25 años de diferencia: él nació en 1944 y ella en 1969. Tuvieron problemas terribles, pero al final los superaron y siguen felizmente casados.
Por supuesto, no todos estos matrimonios desiguales han sido exitosos, pero tampoco podemos dejar de considerar que, para que esas relaciones conyugales se den, operan varios factores, tal es el caso de la fama o el dinero. Una mujer joven se casa con un hombre mayor porque este sea ilustre o reconocido socialmente; tal fue el caso, que a mí me consta por haber sido entrañable amigo suyo, de Jorge Luis Borges con María Kodama, quienes se llevaban exactamente 38 años. María conoció al maestro cuando era su alumna; fueron amigos y colaboradores durante décadas, hasta que decidieron casarse. Se llevaron bien, y debe considerarse que para ellos fue una fortuna culminar su afecto histórico y académico con un enlace matrimonial.
Otro caso que me consta, y en buena medida del cual fui promotor, es el del gran e ilustre epigramista mexicano Francisco Liguori, quien se casó con la dramaturga Gloria Gamiochipi. Ella trabajó conmigo y me consultó sobre los asedios de mi amigo, a quien yo le había presentado. Él tenía fama de alcohólico, y le dije a Gloria, que ya había tenido un fracaso anterior, que ella podía salvarlo. Siguió mi consejo, y durante 20 años fueron eternamente felices.
Cualquiera que sea la razón en los matrimonios desiguales, lo fundamental es que la pareja mantenga la voluntad de seguir adelante, y que nunca los venza el desamor, y mucho menos el arrepentimiento.