30 lecturas
Por Jorge Gómez Naredo
@jgnaredo
La oposición en México afirma que va viento en popa, que en las próximas elecciones recuperará todo lo que ha perdido y que Morena va en caída libre. Para sostener esas afirmaciones, sus voceros recurren a un discurso de desgaste y, sobre todo, a la mentira. En estas dos últimas semanas ha habido varios ejemplos. Menciono dos.
La semana pasada, El Universal publicó una supuesta entrevista a Carlos Monsiváis. En ella se daba a entender que el intelectual, fallecido en junio de 2010, acogió a Andrés Manuel López Obrador cuando éste llegó de Tabasco a la Ciudad de México. A partir de esa afirmación, personajes de la oposición comenzaron a difundir que López Obrador y Monsiváis habían tenido algún tipo de intimidad. Esos discursos, además de homofóbicos, son falsos y grotescos.
Días después, la reportera Leticia Robles de la Rosa publicó en Excélsior que un asesor de Gerardo Fernández Noroña, cuyos apellidos son distintos a los del senador, en realidad era su hijo, porque alguien le dijo que alguna vez así lo había presentado. No aportó ninguna prueba: ni acta de nacimiento, ni documento alguno. Es decir, la reportera recogió un rumor y le dio estatus de verdad.
El senador Fernández Noroña desmintió la información, y la madre del asesor difundió una carta en la que afirmó que Fernández Noroña no era el padre de su hijo.
Estos dos casos evidencian, más que la fortaleza de la oposición, su debilidad. A partir de esas mentiras, emprendieron campañas de desprestigio que después amplificaron en redes sociales.
La oposición camina sin brújula. En lugar de construir una crítica seria al gobierno de la Cuarta Transformación, hace eco de rumores, falsedades y ataques personales. Y así no se puede avanzar. Es evidente que, lejos de provocar simpatía en el pueblo, sólo genera rechazo. Eso han hecho desde hace más de siete años, y todo indica que no pretenden cambiar de estrategia.