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Desborda marea humana el Fan Fest del Zócalo

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Operación hormiga entre jóvenes burló seguridad y se pudo introducir bebidas alcohólicas, en algunos puntos de Madero y 5 de febrero olia a marihuana mientras vendedores ambulantes vendían cerveza

Juan R. Hernández

Ciudad de México .– El corazón de la capital se convirtió en un hervidero de pasión, caos y astucia. Más de 70 mil personas —aunque algunos conteos preliminares duplicaban la cifra— abarrotaron el Zócalo para el partido de la Selección. Cuando las pantallas oficiales encendieron sus luces con el aviso definitivo de “cupo lleno”, miles quedaron afuera, deambulando como gitanos urbanos por Izazaga, 16 de Septiembre, 20 de Noviembre, Pino Suárez, 5 de Febrero y Guatemala, buscando una rendija para ser parte de la fiesta.

En la calle de Madero, los retenes policiales desviaban el flujo hacia la Alameda o el Monumento a la Revolución, pero el ingenio chilango burló el cerco. El acceso por la calle de Moneda operaba a cuentagotas, pero los aficionados descubrieron rutas alternativas: accesos por pasajes comerciales, la puerta trasera de un hotel que conectaba dos calles y entradas discretas por Guatemala, a espaldas de Palacio Nacional.

La ley seca y los filtros de seguridad terminaron siendo un desafío que la multitud superó con creatividad. Botellas de agua que en realidad contenían alcohol transparente, mochilas blindadas al escrutinio y, sobre todo, los bolsos de las mujeres —menos revisados— se convirtieron en los vehículos perfectos para ingresar cervezas y los ya famosos “azulitos”. En los perímetros, la vigilancia fue rebasada; algunos jóvenes consumían marihuana entre la multitud, mientras que las tienditas de los alrededores vendían cerveza a escondidas. Sobre Madero, las taquerías sacaron mesas a la vía pública desafiando las normativas, y los restaurantes formales hicieron su agosto con promociones de 2×1 y venta libre de botellas desde las cinco de la tarde.

A las tres anotaciones de la Selección, el Zócalo estalló en locura total. El júbilo, sin embargo, fue desafiado por la naturaleza: un violento aguacero azotó el primer cuadro durante 30 minutos. Aunque miles resistieron bajo paraguas e impermeables improvisados, la tormenta terminó por dispersar a una parte de la marea humana. Con el silbatazo final y la victoria en la bolsa, las calles se abrieron de par en par: oleadas de aficionados abandonaron el Centro Histórico empapados, pero eufóricos, iniciando un éxodo masivo rumbo al Ángel de la Independencia, donde la fiesta prometía prolongarse hasta la madrugada.

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