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Lomelí y la desesperación por reflector

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Por Lengua Larga

@LenguaLarga83

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Más allá del espectáculo

Quien volvió a regalar material para el anecdotario político fue Ana María Lomelí durante la conferencia encabezada por Clara Brugada.

Resulta que cuando la jefa de Gobierno preguntó quién había asistido al gabinete económico, ni tardada ni perezosa se escuchó un efusivo: “¡Yo, jefecita, yo fui!”. Sí, como alumno que levanta la mano para recordar que hizo la tarea y espera la estrellita en la frente.

Cuentan los presentes que el entusiasmo fue tal que más de uno volteó pensando que se trataba de una dinámica para ganar puntos extra o, de plano, una competencia para ver quién lograba aparecer más rápido en la foto.

El detalle no pasó desapercibido entre los reporteros, que de inmediato comenzaron el ya tradicional cuchicheo de pasillo. Y es que, según los comentarios que corrían entre las filas de prensa, el episodio fue interpretado como otro intento de sobresalir a toda costa.

La ironía, dicen algunos, es que Lomelí ocupa una silla en el gabinete que debería darle relevancia por sí sola. Sin embargo, hay quienes bromean que su posición parece estar destinada a atender los asuntos que nadie pelea, los temas que llegan al final de la agenda y las tareas que caben en la sección de “varios”.

Por eso llamó tanto la atención el desesperado “aquí estoy” disfrazado de reporte institucional. Porque cuando alguien tiene que gritar tan fuerte para recordar que existe, quizá el problema no sea el volumen del micrófono.

Al final, la conferencia siguió su curso, pero el comentario quedó flotando en el ambiente. Y mientras Clara Brugada hablaba de gobierno, hubo quien pareció más preocupada por gobernar el reflector.

Porque una cosa es participar y otra muy distinta solicitar, exigir y prácticamente apartar turno para ser vista.

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