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México 2 – la oposición 0

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Por Ceci Vadillo

@Ceci_vadillo

La derecha orquestó durante semanas una campaña que consistía en decir que México, y sobre todo la capital del país, no estaban listos para recibir el mundial; que la ciudad colapsaría y sería una vergüenza internacional. El objetivo era hacer que a los ojos del mundo México pareciera sumido en una crisis, una imagen que desde hace mucho intentan fabricar junto con sectores de Estados Unidos.

La realidad distó mucho de esto. México se vio como un país progresista que contrastó con las duras y racistas políticas migratorias que impuso Estados Unidos. México fue el país que recibió a los iraníes y celebró junto a los coreanos; fue la nación de puertas abiertas y hospitalidad, reconocido en todo el mundo.

Uno de los aspectos más comentados fue la ausencia de la presidenta en el estadio. La oposición se molestó porque no entienden que no entienden. Mientras varios políticos de derecha decidieron gastar más de 180 mil pesos por un boleto del mundial, la presidenta y los funcionarios de Morena decidieron pasar la inauguración con el pueblo. Esto tuvo un triple objetivo: compartir con el pueblo; mandar un mensaje de diferencia y austeridad, y criticar el modelo de exclusión y privilegio que ha propiciado la FIFA, alejando al fútbol de su objetivo original de ser un deporte netamente popular.

Por primera vez desde 1930, la jefa de Estado de un país anfitrión no encabezó la inauguración de su propio Mundial. Claudia Sheinbaum rompió la tradición de Díaz Ordaz en el 70 y de Miguel de la Madrid en el 86, y lo hizo con toda la carga histórica que eso significa. Eso no es una ambigüedad, es una declaración de principios.

A la presidenta le entregaron el boleto número 001, el mejor asiento de todo el estadio. Ella se lo regaló a Yollet Cervantes, una joven indígena de 21 años, amante del fútbol, que jamás habría podido pagar una entrada. Su explicación fue de una sencillez demoledora: que vaya alguien del pueblo que no puede pagarlo.

Mientras tanto, adentro del estadio, empresarios como Salinas Pliego eran abucheados con gritos de la afición como “la p#rra de Trump”. Ese era el ambiente en el palco de lujo: gente de altos ingresos que busca huir del pueblo de México, pero que no puede escapar de su reproche. La presidenta lo dijo con todas sus letras: no necesitamos codearnos arriba. Lo que necesitamos es estar siempre cerca del pueblo. Esa es la gran diferencia entre los gobiernos de antes y los de la Cuarta Transformación.

Porque el Mundial, como el poder, se puede vivir de dos maneras. Desde arriba, en el lugar exclusivo. O desde abajo, en el deportivo de la colonia, donde está el pueblo que sostiene este país. La presidenta eligió abajo.

 

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