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¿Y Salinas Pliego será candidato?

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Por Jorge Gómez Naredo

@jgnaredo

¿Qué tan probable es que Ricardo Salinas Pliego decida convertirse en candidato a la Presidencia de México?

La oposición electoral en México carece hoy de una figura que pueda construir, desde ahora, una candidatura presidencial sólida.

En el PRI, por ejemplo, no existe un liderazgo claramente perfilado. Su personaje más mediático es Alejandro Alito Moreno, un político que ha estado involucrado en diversos escándalos de corrupción.

Si Alito llegara a convertirse en candidato presidencial de su partido, enfrentaría una campaña marcada por señalamientos sobre enriquecimiento ilícito, corrupción, abuso de poder y un largo etcétera.

En el PAN, las cosas no son muy distintas. También hay una evidente carencia de liderazgos. Tan es así que una de sus figuras más visibles es la gobernadora de Chihuahua, María Eugenia Campos, quien se encuentra envuelta en una fuerte polémica tras permitir que agentes de la CIA operaran de manera ilegal en territorio estatal.

Convertirla en candidata presidencial sería, en pocas palabras, un enorme riesgo político para el panismo.

¿Y qué otros liderazgos tiene el PAN? Ricardo Anaya y Xóchitl Gálvez, candidatos derrotados en las dos elecciones presidenciales más recientes y que, además, no parecen generar entusiasmo entre amplios sectores de la población. Por el contrario, son figuras que cargan con altos niveles de rechazo.

Es aquí donde aparece Ricardo Salinas Pliego.

El empresario se ha convertido en uno de los opositores más visibles y mediáticos del país. Sin embargo, enfrenta un problema considerable: una parte importante de la opinión pública lo percibe como un evasor de impuestos y como alguien que dedica buena parte de su tiempo a atacar a quienes simpatizan con la Cuarta Transformación.

Así pues, Salinas Pliego podría aspirar a una candidatura presidencial. Sin embargo, los múltiples cuestionamientos que pesan sobre él y la imagen negativa que ha construido en amplios sectores de la sociedad podrían convertirse en un obstáculo difícil de superar en una contienda electoral.

La conclusión parece evidente: la oposición carece hoy de una figura con capacidad real para generar simpatía popular y construir una candidatura competitiva. Los nombres que aparecen sobre la mesa comparten un rasgo común: están asociados a polémicas, escándalos o una profunda desconexión con buena parte del electorado.

Vaya encrucijada para la oposición.

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