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Por Ana E. Rosete
@espinosa_rosete
En la víspera de que la Ciudad de México se convierta en vitrina Mundial, la realidad volvió a romper el discurso oficial.
Nuestro reportero Irving fue asaltado en pleno Centro Histórico, una de las zonas más vigiladas de la capital, rodeada de cámaras, policías y operativos permanentes. Pero el robo tiene un agravante que debería encender todas las alarmas: antes fue abordado por una persona que portaba uniforme del Gobierno de la Ciudad de México y que le ofreció una supuesta acreditación para ingresar al Fan Fest y realizar tomas periodísticas. El engaño utilizó la imagen de la autoridad.
La pregunta es inevitable: si esto le ocurre a un periodista en el corazón político y turístico de la ciudad, ¿a qué están expuestos los capitalinos? ¿Qué les espera a los miles de turistas que llegarán para el Mundial? ¿Quién garantiza que detrás de un uniforme realmente haya un servidor público y no un delincuente?
Mientras tanto, desde Morena prefieren refugiarse en las estadísticas. El diputado Ángel Tamariz minimizó el caso al afirmar que los delitos de alto impacto han disminuido. Pero disminuir no significa desaparecer.
Cada robo sigue teniendo una víctima. Cada asalto sigue generando miedo. Cada delito sigue evidenciando fallas en una estrategia de seguridad que parece más preocupada por los boletines que por la realidad.
El problema de este gobierno es que se enamoró de las cifras. Si los números bajan, creen que los ciudadanos deben sentirse seguros por decreto. Como si una gráfica pudiera sustituir la experiencia de quien fue asaltado a plena luz del día.
La Ciudad de México está siendo maquillada para el Mundial. Se limpian fachadas, se anuncian operativos y se presume una ciudad lista para recibir al mundo. Sin embargo, detrás del escaparate sigue existiendo una capital donde los delincuentes operan incluso utilizando la imagen de las propias instituciones.
La propaganda dice que estamos listos para el Mundial.
La realidad demuestra que todavía no estamos listos ni para proteger a quienes caminamos todos los días por sus calles.