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Entre blancos manteles de hilo finísimo, y en la Hacienda de los Morales, se reunió la “crema y nata” de la American Society para una cena de gala este fin de semana copatrocinado por el patriota (de los gringos) Ricardo Salinas y con asistentes tan “distinguidos” como Alejandro Moreno, Kenia López, Mariana Gómez del Campo, Ricardo Anaya y Sergio Mayer (que por fortuna no bailó), para celebrar patrióticamente el 250 aniversario de la Independencia de Estados Unidos; los mexicanos, muy cuidadosos de que no les retiren su visa, aplaudieron fuertemente, no vaya a ser, el discurso del presidente de esa organización apartidista (dicen), Larry Rubin; de su discurso destacan la similitud del que pronunciara el embajador boina verde (le queda bien el color), el 23 de abril pasado durante la colocación de la primera piedra en la planta de Topolobampo: “el sector privado necesita certeza, seguridad y un entorno libre de corrupción, sin estas condiciones las inversiones no avanzan”; luego habló de las reglas claras y del estado de derecho y el de Rubin: “la inversión llega cuando hay confianza en las instituciones, reglas claras y estado de derecho”, y entonces llegó la propuesta estelar, de Rubin un TLCC: Tratado de Lucha Contra el Crimen, la metáfora es perfecta en su candor: el TLCAN nos quitó la industria, arrasó con el campo y desarticuló la manufactura nacional; ahora, con el mismo espíritu, se propone un tratado que comparta con Washington la última prerrogativa que le queda al Estado mexicano: la seguridad interior. El nombre nuevo para una lógica antigua. El embajador solo se presentó en video para indicar que estaba en Washington ocupado en construir con México una relación “fuerte y duradera”.
La derecha mexicana se fue a dormir satisfecha, habían aplaudido lo que había que aplaudir con la solemnidad de quien no cree en las fiestas propias, pero celebra las ajenas; la hipocresía vestida de etiqueta. La soberanía, como el embajador, llegó en video.
En México ciertos grupos nunca pierden la costumbre de buscar en Washington el certificado de buena conducta que el electorado les negó y les seguirá negando en las urnas.
La independencia de Estados Unidos, celebrada en una hacienda mexicana, con dinero mexicano en sociedad con el concesionario de tv Azteca y con la presencia de los que alguna vez dijeron hipócritamente “Va por México”, “Somos México” y otros grupos financiados por ellos; un falso nacionalismo cuya soberanía está sujeta al tipo de cambio, porque para ellos, la patria es solo un centro de mesa.
Ana María Vázquez
Escritora/Dramaturga
@Anamariavazquez