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La sucesión que ya comenzó

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Por Ana E. Rosete

@espinosa_rosete

En política capitalina existe una regla no escrita: los vacíos nunca duran mucho.

Cuando un representante deja de sentirse presente en territorio, otros empiezan a ocupar el espacio. Y eso es exactamente lo que comienza a pasar en la alcaldía Cuauhtémoc con sus diputadas locales.

A casi dos años de haber asumido responsabilidades legislativas y territoriales, la conversación entre liderazgos vecinales, operadores políticos y estructuras partidistas ya no gira alrededor de lo que han construido las representantes locales, sino sobre quién podría sustituirlas en la siguiente elección.

El problema para las diputadas de los distritos 9 y 12 no necesariamente es la falta de actividad legislativa; el problema parece ser la desconexión política. En una demarcación donde seguridad, comercio informal, servicios urbanos, basura y disputas territoriales dominan la conversación diaria, la percepción de ausencia pesa más que cualquier boletín, posicionamiento o sesión legislativa.

Por eso no sorprende que la sucesión adelantada ya se discuta en cafés políticos, reuniones partidistas y grupos vecinales. Los nombres empiezan a circular antes de tiempo porque el territorio rara vez tolera largos periodos de silencio político.

Entre esas conversaciones aparece con insistencia el nombre de Aníbal Cañez. El panista dejó la representación territorial para asumir responsabilidades partidistas y electorales, pero en distintos círculos políticos y vecinales comienza a escucharse una frase que suele ser incómoda para quienes hoy ocupan espacios: “al menos estaba presente”. La nostalgia política no siempre significa admiración; muchas veces significa comparación.

En paralelo, dentro de sectores opositores también empieza a crecer otra molestia: el desgaste interno. Diversos actores cuestionan que Emilio Villar mantenga una dinámica de confrontación permanente con la alcaldesa cuando la exigencia de buena parte de la base territorial parece ser otra: construir acuerdos y mostrar cohesión.

A eso se suma un reclamo recurrente entre vecinos y cuadros locales sobre la propaganda política que termina convertida en residuos en calles, postes y banquetas. En una alcaldía donde la recolección de basura sigue siendo tema cotidiano, la imagen de propaganda tirada termina jugando en contra de quien busca posicionarse.

La política en Cuauhtémoc siempre ha sido feroz, pero también práctica: cuando los representantes dejan espacios vacíos, otros comienzan a llenarlos. Y hoy, más que una discusión ideológica, lo que parece abrirse es una competencia por presencia, operación y territorio.

Porque en esta alcaldía, la ausencia también hace campaña.

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