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Por Lengua Larga
La política mexicana tiene personajes que jamás se retiran: mutan. Cambian de cargo, de discurso, de aliados y hasta de enemigos, pero siempre encuentran cómo seguir orbitando el presupuesto, los reflectores o las grillas de pasillo. Y cuando el caos aparece, también aparecen los nombres de siempre.
Que tratándose de abortar las mesas de trabajo de la CNTE con el gobierno federal, los provocadores ajenos a la marcha pacífica que arremetieron contra los cristales de la oficina central de la Secretaría del Bienestar el lunes y ayer martes con tres esculturas gigantes que representaba futbolistas emblemáticas ya se sabe quién es el presunto autor intelectual que mueve a los rijosos. Se trata del senador priísta, Manuel Añorve, guerrerense que dio la indicación a los agresores de policías el cual fue presidente municipal de Acapulco y se la sabe. Si algo conoce la clase política mexicana es el poder del rumor cuando la coyuntura aprieta. Y todo lo dicho aquí va más allá del radio pasillo; fuentes confiables de esta chismosa aseguraron que Añorve es quien está detrás de “la mano que mece la cuna”.
Y hablando de Añorve, pocos políticos dominan tanto el arte de sobrevivir como él. Exalcalde de Acapulco, exsenador, operador priísta de vieja guardia y eterno protagonista de los acomodos guerrerenses. Su trayectoria ha estado acompañada por críticas recurrentes sobre cacicazgos políticos, grupos de control territorial, derrotas electorales recicladas y una habilidad casi sobrenatural para mantenerse vigente mientras su partido colecciona descalabros.
Porque mientras unos presumen renovación, otros siguen jugando con manual de los noventa: operación política, estructuras viejas y cálculo puro. El problema es que el país ya cambió… aunque algunos personajes sigan convencidos de que no. Y mientras la CNTE incendia avenidas, rompe rutinas y convierte la capital en rompecabezas vial, la pregunta sigue flotando: ¿quién gana políticamente con el caos? Porque en México las protestas pasan, los plantones se levantan y las negociaciones terminan. Los operadores, esos casi nunca se van.