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REDACCIÓN
GRUPO CANTÓN
Las recientes granizadas registradas en el norte del Estado de México dejaron nuevamente al descubierto la fragilidad con la que cientos de familias rurales enfrentan cada temporada agrícola. En comunidades de Ixtlahuaca y Atlacomulco, productores observaron cómo el trabajo de meses quedó destruido en cuestión de minutos tras el paso de tormentas acompañadas de hielo y fuertes vientos.

La respuesta institucional llegó mediante el anuncio de un apoyo complementario de 300 pesos por tonelada de maíz para alcanzar un precio de referencia de siete mil 500 pesos. Sin embargo, campesinos y habitantes de las zonas afectadas consideran que el recurso dista de responder a la magnitud de las pérdidas provocadas por la volatilidad climática.
La principal inconformidad no se centra únicamente en el monto. Productores señalaron que los daños en una parcela implican gastos que van más allá del grano perdido: semillas, fertilizantes, agroquímicos, renta de maquinaria, jornales y deudas adquiridas para sostener la siembra.
En varias localidades, vecinos relataron que algunas familias quedaron sin posibilidad inmediata de resembrar. El problema, explicaron, es que mientras llegan las inspecciones y se integra la documentación para acceder a apoyos, el ciclo agrícola continúa avanzando y el tiempo perdido reduce las posibilidades de recuperación.
La Secretaría del Campo informó sobre recorridos para cuantificar afectaciones y revisar solicitudes; no obstante, campesinos cuestionaron que año con año se repita el mismo procedimiento sin consolidar esquemas permanentes de protección ante fenómenos extremos.
Habitantes de la región advirtieron que las lluvias intensas, granizadas y variaciones térmicas dejaron de ser eventos extraordinarios para convertirse en una constante. Por ello consideran insuficiente una estrategia basada únicamente en apoyos complementarios y demandan seguros agrícolas funcionales, fondos de emergencia y mecanismos ágiles para liberar recursos.