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Corruptos fuera de la 4T

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Por Eduardo López Betancourt

elb@unam.mx

La Presidenta Claudia Sheinbaum, fue contundente al declarar que en la Cuatro T no habrá cabida para servidores deshonestos. “Nadie que no sea honrado puede estar en este movimiento”, afirmó con firmeza, añadiendo: “Somos una fuerza íntegra y comprometida con el pueblo… no mentimos, no robamos y jamás traicionaremos a México”. Palabras de tal calado obligan a los tres partidos que integran la coalición gobernante a asumir consecuencias concretas.

Resulta imprescindible actuar contra los políticos que han amasado fortunas inexplicables, exhibido un dispendio obsceno en establecimientos de lujo. Lo cierto es que, tanto en Morena como en el Partido del Trabajo y, con mayor evidencia aún, en el Partido Verde, proliferan figuras cuya conducta contradice abiertamente el discurso transformador. No es casualidad: gran parte de ellos provienen del Partido Revolucionario Institucional, institución que normalizó durante décadas la corrupción como práctica de gobierno.

Los casos son elocuentes. ¿Qué hará el movimiento con Alejandro Murat Hinojosa, quien dejó una historia de cuestionamientos en el Infonavit y en su gestión como gobernador de Oaxaca? ¿Cuál será la respuesta ante Américo Villarreal Anaya, mandatario de Tamaulipas, señalado por sus presuntos vínculos con organizaciones delictivas y sobre quien pende una posible acción de la justicia estadounidense? ¿Por qué sigue sin ser expulsado de Morena Rubén Rocha Moya, exgobernador de Sinaloa, a pesar de los numerosos elementos en su contra?

En ese contexto, llama la atención que la dirigente nacional del partido, María Luisa Alcalde, dedique sus energías a hostigar a la gobernadora panista de Chihuahua, María Eugenia Campos Galván, en lugar de atender los señalamientos que comprometen la credibilidad de su propia organización. Sería más provechoso, y congruente, responder con honestidad a las palabras de la mandataria federal y proceder a la depuración interna que la militancia y la ciudadanía exigen.

Especial atención merece el caso de Félix Salgado, personaje que encarna la contradicción más escandalosa: acusado de delitos graves, incluidas denuncias por violación que son de conocimiento público, y poseedor de una fortuna cuyo origen no encuentra justificación razonable. Su hija, Evelyn Salgado, actual gobernadora de Guerrero, tampoco escapa a los cuestionamientos sobre el patrimonio familiar. Contradiciendo a los principios que la presidenta proclama.

La 4 T se encuentra ante una encrucijada. Si las palabras de Sheinbaum no van acompañadas de acciones decididas, el discurso de la honestidad quedará reducido a retórica vacía. Por lealtad genuina a la presidenta, y, sobre todo, por responsabilidad con el País, el movimiento debe actuar: expulsar a quienes lo deshonran y demostrar que la transformación no es solo un eslogan, sino un compromiso real con México.

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