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Por Gustavo Infante Cuevas
La revancha entre Keyshawn Davis y Nahir Albright terminó convirtiéndose en una auténtica guerra de tensión, orgullo y polémica. En Norfolk, Virginia, el invicto estadounidense dominó claramente a Albright durante doce rounds y se llevó una contundente decisión unánime, pero lo que realmente se robó la noche fue el escándalo que protagonizó arriba del ring.

Davis salió decidido a borrar cualquier duda después de toda la polémica de su primera pelea, aquella que terminó en “No Contest” tras un positivo antidopaje. Y aunque boxísticamente fue muy superior —más rápido, más preciso y con mucho mejor distancia—, la frustración comenzó a consumirlo por los constantes amarres de Albright.
El momento viral llegó en el séptimo episodio, cuando Keyshawn literalmente levantó y azotó a su rival como si estuviera en una función de lucha libre. El referee no dudó: dos puntos menos. Una escena rarísima en el boxeo profesional y que rápidamente explotó en redes sociales.

A pesar del incidente, Davis nunca perdió el control de las tarjetas y ganó prácticamente todos los rounds. Sin embargo, dejó sensaciones encontradas. Prometió noquear, no pudo hacerlo y además confesó después de la pelea que probablemente dejará las 135 libras porque “ya no disfruta dar el peso”.
Con apenas 26 años, el talento de Keyshawn Davis es indiscutible. Tiene velocidad, inteligencia y carisma para convertirse en una superestrella. Pero noches como esta también demuestran que el reto más grande de su carrera quizá no esté enfrente… sino dentro de él mismo.