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Por Eduardo López Betancourt
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Al inicio del actual periodo democrático en España, el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), con una dilatada trayectoria histórica, alcanzó cotas de gran relevancia. Aún recuerdo a uno de sus principales ideólogos: Enrique Tierno Galván, quien se convirtió en una auténtica esperanza y gozó de una popularidad extraordinaria. Con el transcurso del tiempo, y ante una merma progresiva de su presencia social, fue perdiendo respaldo, mientras la derecha, encarnada en el Partido Popular (PP), se consolidaba como una alternativa sólida. En la práctica, ambas formaciones se erigieron en fuerzas mayoritarias y entre ellas, se instauró una alternancia en el poder.
En los últimos comicios, el PSOE quedó como la segunda fuerza más votada, en tanto que el PP concentra el mayor número de simpatizantes. Ninguno alcanza la mayoría suficiente para gobernar en solitario, por lo que ambos se ven obligados a tejer alianzas. En ese terreno, Pedro Sánchez, actual presidente del gobierno, ha demostrado una notable habilidad política y, gracias a esos pactos, se mantiene en La Moncloa desde hace años. Su gestión ha sido intensa y no exenta de contradicciones. A ello se suman acusaciones judiciales que alcanzan incluso a su entorno familiar: su esposa ha sido señalada por presuntas irregularidades.
España atraviesa así una etapa de acusaciones cruzadas entre dirigentes socialistas y populares. Ambas formaciones se proclaman víctimas de difamación y calumnia. Lo cierto es que existe un auténtico maremágnum de causas penales, hasta el punto de que la ciudadanía ya no logra discernir con claridad la verdad de los hechos.
El panorama actual revela un socialismo español en franco declive. Si bien no se ha llegado a la ingobernabilidad, sí se percibe un abandono preocupante en sectores estratégicos. Se han registrado apagones sin precedentes y un deterioro notable en áreas que otrora fueron referente, como la red de alta velocidad ferroviaria. El PSOE de hoy parece más orientado hacia la demagogia y el populismo que hacia sus principios fundacionales. Medidas recientes, como la intervención en el mercado del alquiler en perjuicio de los propietarios particulares, o una política migratoria carente de filtros rigurosos que incrementa el riesgo de ingreso de perfiles delictivos, generan una controversia creciente. En suma, el socialismo español actual dista mucho de los ideales que lo llevaron, en otro tiempo, a ser la fuerza más votada del país.