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Juan R. Hernández
Ciudad de México.- La carrera por la alcaldía Álvaro Obregón rumbo a 2027 ya se mueve, pero no por ideas nuevas, sino por el peso de polémicas, expedientes abiertos y figuras repetidas. En una demarcación golpeada por la crisis hídrica, inseguridad creciente y hundimientos de suelo, el electorado observa un escenario donde el pasado de los aspirantes vuelve a imponerse sobre cualquier proyecto de gobierno.

En el bloque opositor, el PAN perfila nuevamente a Lía Limón, quien apuesta por capitalizar su posicionamiento previo, pese a los señalamientos por confrontaciones constantes con el Gobierno capitalino y cuestionamientos por presunta omisión ante abusos policiales en colonias como Belén de las Flores. A su lado, Andrés Atayde y Liz Salgado intentan consolidar estructura, aunque sin romper del todo con la narrativa de continuidad que pesa sobre el panismo.
El PRI, por su parte, navega con bajo perfil. Nayeli Mata Sánchez y Julio Arriaga Luna representan esfuerzos aislados de un partido que enfrenta el riesgo real de perder relevancia territorial en la demarcación, sin lograr conectar con nuevas generaciones.
En Morena, el foco está en el desgaste de Javier López Casarín. Su administración arrastra el impacto del señalamiento del INE por presunto rebase de topes de campaña en 2024, además de acusaciones recientes sobre vigilancia a opositores. A ello se suma un factor clave: su limitada presencia territorial, lo que podría convertirse en un obstáculo determinante para buscar la reelección.
Este escenario ha abierto espacio para Valentina Batres, quien crece en sondeos internos y se posiciona como figura competitiva, aunque enfrenta críticas por presunto nepotismo. En paralelo, Karina Briceño intenta colocarse como opción de conciliación dentro del partido.
En contraste, comienzan a tomar fuerza perfiles independientes como Leticia Robles, cuya experiencia territorial y capacidad de negociación la colocan como una posible “candidata bisagra” en una elección que, hasta ahora, se perfila más definida por el desgaste que por la propuesta.
Y finalmente, Movimiento Ciudadano apuesta por Alejandro Barrales, quien busca proyectarse como relevo generacional, pero carga con el lastre de vínculos políticos tradicionales que dificultan su narrativa de renovación.