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César A. Muñoz
Ciudad de México.- Los organilleros están desapareciendo del Centro Histórico de la Ciudad de México, lo que durante décadas fue un oficio emblemático, hoy se reduce a unas cuantas personas que luchan por mantener vivo un trabajo en riesgo de extinción.

El organillero se remonta a finales del siglo XIX, cuando los primeros llegaron desde Alemania durante el Porfiriato, desde entonces, su música se volvió parte del paisaje urbano.
Sin embargo, esa imagen ha cambiado drásticamente con el paso de los años, donde antes era común ver hasta 30 organilleros distribuidos en el primer cuadro, hoy la cifra ha caído de forma notable y apenas se observan alrededor de 10.
En entrevista para Diario Basta Jesús García asegura que antes eran muchos más compañeros en el Zócalo, ahora cada vez son menos. “Da tristeza porque es una tradición que se está perdiendo frente a todos”, lamenta.
Jesús integrante de la Unión de Organilleros del Distrito Federal, explica que la actividad enfrenta un declive por la falta de relevo generacional y el desgaste de los instrumentos.
“Antes, en un buen día, uno podía llevarse entre 400 y 500 pesos, hoy si acaso sacamos 100 o 150 pesos, hay días en que no cae nada”, relata.
“La gente ya no se detiene, ya no escucha, a veces estamos horas tocando y nadie se acerca, es como si ya no existiéramos”, recalcó.
A esto se suma la competencia con otras formas de entretenimiento urbano, el ruido constante de la ciudad y la falta de programas sólidos de preservación cultural.
“Este trabajo era para vivir, ahora apenas alcanza para sobrevivir. Muchos compañeros mejor lo han dejado porque ya no sale”, destacó.
Mientras tanto, los pocos organilleros que permanecen activos continúan girando la manivela de sus instrumentos, resistiendo al olvido.