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Conflicto en Medio Oriente

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Por Eduardo López Betancourt

elb@unam.mx

Desde la fundación del Estado de Israel en 1948, los enfrentamientos en Medio Oriente han sido una constante. Para gran parte del mundo árabe, los israelíes son percibidos como invasores, ocupantes ilegítimos y carentes de respaldo histórico. En contraste, para quienes profesan el judaísmo, ese territorio representa la “tierra prometida”, y sostienen que únicamente han recuperado lo que les pertenece por derecho ancestral. Bajo esa premisa, las guerras han sido recurrentes y han permitido a Israel expandir progresivamente sus fronteras.

Un ejemplo reciente fue el traslado de su capital de Tel Aviv a Jerusalén, ciudad que durante décadas se mantuvo bajo un estatus especial debido a su relevancia para palestinos, judíos, musulmanes y cristianos por igual. En la práctica, Israel ha contado con el respaldo incondicional de Estados Unidos, su principal aliado estratégico, lo que le garantiza una superioridad militar suficiente para responder y actuar de manera sistemática frente a sus vecinos árabes.

Como ha ocurrido en otras ocasiones, Washington mantiene una confrontación abierta con Teherán. Las causas suelen ser difusas, aunque se señalan el control del petróleo, el desarrollo de armamento nuclear y, sobre todo, la ausencia de influencia estadounidense en territorio iraní, algo que la Casa Blanca considera inaceptable.

Analistas internacionales estimaron que la disputa con Irán se resolvería con celeridad. Tras una ofensiva contundente de las fuerzas armadas norteamericanas que eliminó a gran parte de la cúpula militar y política iraní, se anticipaba el surgimiento de un gobierno afín a los intereses de Washington. Sin embargo, el desenlace no resultó tan sencillo: la dirigencia caída fue sustituida de inmediato y, hasta la fecha, Irán continúa gobernado por los mismos sectores revolucionarios que derrocaron al Sha en 1979.

Ante este escenario imprevisto, la situación se ha tornado de difícil resolución. Lo que se pensaba solucionar en cuestión de horas enfrenta actualmente una perspectiva de prolongarse por años. Aunque la prudencia y una negociación efectiva podrían allanar el camino hacia una pacificación entre ambas potencias, los choques seguirán siendo frecuentes. Sin duda, Israel continuará siendo rechazado por la mayoría de sus vecinos árabes, de modo que, por ahora, no se vislumbra una salida definitiva al conflicto.

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