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Ayer, domingo 3 y hoy lunes 4 se cumplen 20 años de la masacre de Atenco, uno de los hechos más vergonzosos del prianismo y que hoy sigue todavía sin justicia. Fue la ambición de Vicente Fox, entonces presidente de la República, la complicidad de Peña Nieto, gobernador del Estado de México e inversionistas que vieron el signo de pesos en un negocio que intentó expropiar miles de hectáreas con el consecuente desplazamiento de cientos de familias campesinas.
El Frente de los Pueblos en Defensa de La Tierra, organización formada por campesinos, fue reprimida de forma sangrienta e 3 y 4 de mayo de 2006: la CIDH documentó asesinatos, tortura física y sexual, allanamientos, detenciones arbitrarias, declaradas como “violaciones graves a las garantías constitucionales”, el operativo, dirigido por Wilfrido Robledo (señalado como maestro de García Luna y que murió tranquilamente en su casa en febrero del 2022), comisionado de la Agencia de Seguridad Estatal en aquella época, justificó el hecho como parte de un mecanismo para “restablecer el orden” con el “uso legítimo de la fuerza”; terrorismo de estado que ha quedado sin justicia, el saldo: manifestantes y líderes de los Pueblos en Defensa de la Tierra condenados a penas que van de los 31 hasta los 67 años, y que fueron revertidas por presiones sociales 4 años después; 21 policías acusados de los que 15 fueron dados de baja y 6 todavía permanecen en “investigación”. Robledo, responsable directo declaró que el abuso policial se debió al “alto nivel de estrés” que el operativo fue “limpio” y de las denunciantes de abuso sexual añadió: “si las mujeres, muy dignas, no se dejaron revisar por los doctores, fue porque nadie les había hecho nada”.
Lascadenas de mando que iban hacia Robledo, Fox, y Peña, que diseñó y aprobó personalmente el operativo, jamás fueron tocadas, y como directos responsables, minimizaron los hechos, culpando por supuesto a los defensores.
20 años han pasado, Fox está tranquilamente en su rancho, millonario, criticando y señalando con las manos aún manchadas de sangre, y Peña, envuelto en su capa de “invisibilidad”, reside en España y aún permanece bajo la protección del Grupo Atlacomulco, tan intocable como Calderón y como Zedillo en un país en el que la justicia es solo un adjetivo que sirve de adorno.
Ana María Vázquez
Dramaturga/Escritora
@Anamariavazquez