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Por Jorge Gómez Naredo
El pasado domingo 26 de abril se inauguró el tren que conectará el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA) con la estación de Buenavista, en la Ciudad de México. Se trata de la pieza que le faltaba al AIFA, pues ahora los pasajeros podrán trasladarse al centro de la capital de forma rápida y económica. Esto no sólo hará más accesible el aeropuerto, sino que también impulsará aún más su crecimiento, que ya venía siendo notable.
Pero hay algo todavía más importante: el Tren Felipe Ángeles es una muestra más del rescate de los trenes de pasajeros. Este sistema de transporte fue desmantelado durante los gobiernos neoliberales. En el sexenio de Ernesto Zedillo, del PRI, los ferrocarriles fueron privatizados y prácticamente vendidos como chatarra.
Durante los gobiernos de Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, los trenes de pasajeros simplemente desaparecieron del horizonte nacional. No hubo proyectos para recuperarlos ni interés real en devolverle al país este medio de transporte. México, en los hechos, dejó de mirar hacia el tren como una opción de movilidad.
Todo eso cambió con la llegada de la Cuarta Transformación. Con Andrés Manuel López Obrador, los trenes de pasajeros resurgieron. Se construyó el Tren Maya, una obra de gran dimensión que conectó al sureste del país y fortaleció el turismo y la actividad económica en esa región.
Ahora, con la llegada de Claudia Sheinbaum a la Presidencia, el impulso ferroviario no sólo continúa, sino que se profundiza. En esta nueva etapa se están construyendo más de siete rutas de trenes de pasajeros que conectarán a buena parte del país.
Se trata de un paso fundamental. Los trenes de pasajeros no sólo ofrecen una forma de transporte eficiente, accesible y moderna; también ayudan a ordenar la movilidad, pueden influir en los costos de otros medios de traslado y generan empleo y riqueza.
Por eso puede decirse que la 4T también avanza sobre rieles. Ahí donde los gobiernos neoliberales abandonaron al país, hoy se recupera una visión de futuro. Y esa, sin duda, es una buena señal.