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Por Diana Sánchez Barrios
La Ciudad de México es uno de los territorios urbanos con más legado escultórico, artístico e histórico del país e incluso, del continente. Ella es un verdadero museo urbano al aire libre. Sus plazas, avenidas y parques se caracterizan por la presencia de monumentos, esculturas y obras artísticas que reflejan historia, memoria política, identidad nacional y expresiones culturales contemporáneas. Desde la conmemoración de personajes históricos hasta manifestaciones estéticas modernas y compromisos comunitarios con el arte, estas piezas transforman lo cotidiano en paisaje vivo. La CDMX no se limita a monumentos clásicos. Hay una presencia muy activa de obras modernas que dialogan con la ciudad como espacio dinámico.
El espacio público capitalino –de la Plaza del Zócalo a Paseo de la Reforma, del Bosque de Chapultepec a las plazas barriales, parques y espacios públicos de las diferentes alcaldías- funciona como un gran texto abierto donde se inscriben memorias, identidades y proyectos de futuro. Un monumento no es únicamente una escultura de bronce o piedra, es una tecnología de la memoria colectiva e histórica que fija una versión del pasado en el presente. La ciudad es una obra colectiva en permanente construcción simbólica, donde cada monumento y obra artística, más que cerrar la historia la mantiene abierta al debate público.
Los monumentos y obras artísticas en el espacio público de la CDMX forman parte del derecho al patrimonio cultural de sus habitantes, y además, por su interés artístico e histórico tienen un valor particular que los distingue del resto de las expresiones culturales. Esto permite otorgar testimonio de civilidad y al mismo tiempo, proyecta los principios, instituciones y reglas que definen estos bienes culturales colectivos organizando la intervención de los sujetos públicos y privados para mantenerlos, cuidarlos y asegurar su conservación para permitir su difusión y promoción.
La CDMX históricamente se ha caracterizado por la presencia de un amplio acervo de monumentos y obras artísticas emplazadas en el espacio público, los cuales constituyen elementos fundamentales de nuestra memoria colectiva, de nuestra identidad cultural, del paisaje urbano y de la vida comunitaria de los ciudadanos. Desde esta perspectiva, las decisiones relativas a la instalación, modificación o remoción de dichos bienes no representan actos meramente administrativos, sino determinaciones de alto impacto cultural, simbólico, social y territorial, que inciden directamente en el derecho humano a la cultura, el derecho a la ciudad y el uso y disfrute del espacio público.
La configuración del espacio público y las decisiones relacionadas con la instalación, modificación o remoción de monumentos y obras artísticas de la CDMX constituyen un ámbito de alta relevancia para la construcción simbólica de la memoria colectiva y la democracia. Dichas decisiones no son neutras, ya que inciden directamente en las formas de representación social y en la visibilidad de determinados grupos, narrativas e identidades generando impactos diferenciados en poblaciones vulnerables. Esta exclusión estructural limita el ejercicio pleno del derecho humano a la cultura desde una perspectiva de igualdad sustantiva.
Aunque existe un Comité de Monumentos y Obras Artísticas en Espacios Públicos de la CDMX desde 2013, derivado de un Acuerdo Administrativo que establece la obligación de que las dependencias, órganos desconcentrados, órganos político-administrativos y entidades de la administración pública soliciten un dictamen previo para la instalación, reubicación o remoción permanente de monumentos y obras artísticas, sus decisiones muchas veces no se toman en cuenta y carecen de fuerza vinculante. Por esta razón es que he propuesto incorporar las funciones y atribuciones de esta importante instancia técnica a la Ley Orgánica del Poder Ejecutivo y de la Administración Pública de la Ciudad de México para otorgarle reconocimiento normativo con rango de ley.
Necesitamos fortalecer los marcos jurídicos que determinan y dan forma al proceso decisorio que impacta la preservación de los monumentos y las diferentes expresiones artísticas. Además, también resulta necesario fortalecer el marco normativo vigente para garantizar la participación ciudadana y vecinal en estos procesos colegiados donde se deliberen y voten los dictámenes relativos a la instalación, modificación o remoción de monumentos y obras artísticas en el espacio público. La ausencia de representación vecinal limita la incorporación de perspectivas comunitarias en los procesos de deliberación y en las decisiones.
Para colmar esta deficiencias he propuesto una iniciativa legislativa para que el Congreso de la Ciudad de México designe a tres personas ciudadanas de cada Alcaldía, mediante convocatoria pública –a través de la Comisión de Derechos Culturales- observando los principios de paridad de género, inclusión, no discriminación y perspectiva de género. Esto reforzará la participación de los ciudadanos en el proceso de toma de decisiones, aumentará la legitimidad de los acuerdos alcanzados e impedirá las decisiones unipersonales que frecuentemente adoptan muchas autoridades en las demarcaciones territoriales, tal y como sucedió recientemente cuando la titular de la Alcaldía Cuauhtémoc, adoptó la decisión estrictamente arbitraria de retirar algunos monumentos y obras artísticas del espacio público de esa demarcación, sin consulta alguna y solo por sus personales preferencias ideológicas y políticas.
La CDMX es un vasto museo urbano donde cada esquina puede ofrecer una escultura, un memorial o una obra artística que invita a pensar sobre la historia, la identidad y el presente. Los monumentos y obras artísticas en el espacio público no son solo hechos visuales, sino testimonios vivos del continuo diálogo entre la ciudad, su memoria y quienes la habitan. Por ello, sostengo que los monumentos y obras artísticas instaladas en el espacio público no son únicamente elementos estéticos o urbanos, sino principalmente expresiones simbólicas que reflejan valores, narrativas históricas y referentes culturales en cuánto diversidad de expresiones de los habitantes de nuestra gran metrópoli. Consecuentemente, seguiré presentando iniciativas legislativas para proteger estos emblemas de nuestra identidad histórica y cultural. Porque la dimensión artística de las expresiones culturales también es un patrimonio colectivo de todos los ciudadanos.