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Por Eduardo López Betancourt
Respaldado por dinero y poder
Conocí a Félix Salgado Macedonio en 1987, cuando en Iguala se dedicaba a vender periódicos y, paralelamente, obtenía dinero extorsionando a diputados locales. Con esa audacia propia de los desequilibrados, se lanzó como candidato a diputado y, para su “buena suerte”, bastó con eliminar a un viejo líder obrerista, Lázaro Villegas, para que le fuera concedida una curul en medio de un escándalo mediático.
Su perfil de rufián, borrachín y hombre violento se manifestó en múltiples ocasiones; siempre se sintió un “rebelde sin causa en motocicleta”. Su notoriedad pública creció de forma negativa y, por obra del destino, llegó un momento crucial en que fue señalado como narcotraficante. Desesperado, buscó a Nino Canún para que lo apoyara, y este, a su vez, me solicitó ayuda. Siendo entonces presidente municipal, Salgado era señalado abiertamente como mafioso. Lo asistí a través de un exalumno mío, José Luis Santiago Vasconcelos, quien fungía como Subprocurador. Logramos sacarlo adelante, aunque con un sinnúmero de condiciones, entre las cuales destacaba que él mismo se alejara de la cocaína. Tiempo después fue acusado ante la Auditoría Superior de la Federación por sus irregulares manejos al frente del municipio de Acapulco, y nuevamente recurrió a mi auxilio para liberarse del conflicto. Ya retirado y desprestigiado de la vida política, lo convencí de regresar a ella a cambio de una conducta irreprochable, en particular, de frenar su afición por hostigar y agredir a las mujeres.
Poco duró el cambio: volvió a las andadas y hoy, respaldado por dinero y poder, se ha convertido en el indiscutible jefe del crimen organizado en el estado de Guerrero, me distancié por completo de tan repugnante individuo. Su evidente control sobre las estructuras mafiosas quedó demostrado con el secuestro del padre del presidente municipal de Taxco y del propio edil, suceso que revela, para desgracia de Guerrero, que tan bella entidad suriana se encuentra en manos del crimen organizado. Es urgente emprender una lucha seria y profunda contra esas mafias que tanto daño han causado al pueblo, y en las que se hallan involucradas fuerzas policiales de todos los niveles. No solo Guerrero padece bajo el dominio del narcotráfico: todo el País está infectado por tan grave flagelo, y numerosos gobernantes locales se encuentran íntimamente vinculados a él.