21 lecturas
Son las 6 de la mañana, despierto y como todos los días, intento revisar los periódicos en el celular mientras me
preparo el primer café… nada, no hay señal, reviso el modem y hay una luz roja, voy a la otra línea, -cuando trabajas
en casa, generalmente se tienen dos líneas para protegerse- botón rojo, enciendo los datos de mi equipo… nada, me
visto con lo primero que encuentro y bajo a la caseta, de las 170 casas de mi conjunto, -aislado por cierto de la
civilización-, ninguna tiene señal, no hay red, ni datos, ni mensajes… nada.
Regreso a casa y pienso en qué puedo hacer; tengo que entregar la columna al periódico, grabar el video y enviarlo
para el sábado y continuar mi novela, esto último sí lo puedo hacer, trabajar en la novela porque toda la información se
queda en el equipo, pero del resto… nada.
Desempolvo la radio para, al menos, escuchar la mañanera pero no la encuentro, por Aristegui me entero de que
Citlalli renunció para dedicarse de lleno al partido, lo demás de Aristegui no me interesa, vuelvo a buscar en el dial…
Ciro, su tono cansado y lento me desespera y tampoco hay información, solo odio, rechazo al gobierno. Sigo
buscando, una voz conocida:¿López Dóriga?, ni siquiera le doy el beneficio de la duda.
Vuelvo a salir ya con bastante ansiedad, generalmente mi columna la envío sobre las 10 am y ya pasa mucho de la
hora, en la tienda de la esquina tampoco hay recargas, ni red, mi teléfono sigue sin dar señales de vida, camino hacia
la carretera a una cafetería, hay señal, hay red, pero mi teléfono se niega a escribir nada, no puedo escribir mi columna
y decido regresar a casa.
La sensación de estar aislada del mundo me provoca una gran ansiedad y ni siquiera la radio ayuda, decido apagarla y
escribo esta crónica en el procesador del equipo, creo que tendré que cargar con él a algún sitio para enviar el texto.
Pienso en lo ligados y dependientes que estamos a los sistemas de red, pegados al equipo respiramos, pensamos,
comemos y nos comunicamos mediante este cordón umbilical virtual. Mi columna de hoy iba a hablar del fracking; ¿sí o
no?, y ahora mismo que estoy sin red, pensado en cómo enviar mi texto, pienso en que sería muy difícil continuar con
esta inercia si a Trump se le ocurre “cerrarnos la llave”, tendríamos dos días y medio y luego… la desconexión, nos
hemos vuelto tan dependientes de todo que las pérdidas serían incontables en lo que, de algún modo lográramos
encontrar algo que supliera el gas que compramos a Estados Unidos.
Sin todo lo que ahora nos rodea: gas, luz, agua, internet, estaríamos en una isla.
En mi caso, sé que eventualmente regresará el servicio, la “caída del sistema” en mi zona es muy grande, pero en el
caso del gas… ¿qué haríamos? ¿Cuáles serían las opciones?. Me temo que no hay muchas, abrir la tierra, sangrarla,
contaminar para poder, hasta donde se pueda, seguir adelante.
Ana María Vázquez
Dramaturga/Escritora
@Anamariavazquez