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Por Juan R. Hernández
En riesgo la libertad de expresión
En tiempos donde la discusión pública debería fortalecerse con argumentos, preocupa que herramientas legítimas, como la violencia política en razón de género, comiencen a distorsionarse. Lo que nació para proteger a las mujeres de ataques misóginos hoy enfrenta críticas por su uso expansivo. Especialistas advierten que basta una denuncia para bajar contenidos, generando un efecto inhibidor que pone en riesgo la libertad de expresión. Y aunque voces como la de la diputada Cecilia Vadillo llaman a no deslegitimar la figura, el punto es claro: si se trivializa, pierde fuerza. Defender derechos no puede convertirse en silenciar críticas.
En paralelo, la política capitalina ofrece contrastes. El regreso de Ángel Tamariz a la bancada de Morena no solo es un movimiento interno; es, en el fondo, un acto de responsabilidad legislativa con los ciudadanos. Su experiencia en territorio y en la administración pública puede traducirse en resultados concretos, algo que hoy exige una ciudadanía cada vez más crítica y menos paciente con la simulación.
Pero no todo camina en esa ruta. El caso de Sergio Mayer refleja el otro rostro: el del oportunismo político que ya no pasa desapercibido. Cuestionado incluso por compañeros de bancada y con un evidente desgaste frente a la opinión pública, su figura se ha convertido en símbolo de una política que prioriza reflectores sobre resultados. En tiempos donde la congruencia pesa más que nunca, ese tipo de perfiles enfrenta un rechazo cada vez más abierto.
Así, entre debates que deben afinarse y actores que deben definirse, la política local transita en una delgada línea: o se fortalece con responsabilidad y claridad, o se debilita entre excesos, protagonismos y decisiones que poco ayudan a recuperar la confianza ciudadana.