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Comunidades como Arenales, El Naranjo, La Besana y 21 de marzo, se han consolidado al margen de la urbanización; familias viven sin servicios básicos y acceso limitado al agua
MARIO LÓPEZ
GRUPO CANTÓN
Mientras la mancha urbana continúa expandiéndose en el oriente del Valle de México, el municipio de Chalco, gobernado por Abigail Sánchez, enfrenta un problema que por años no ha logrado contener: el crecimiento de asentamientos humanos irregulares en zonas ejidales, agrícolas y áreas naturales.

Diagnósticos territoriales y programas urbanos municipales han identificado diversos asentamientos que surgieron sin planeación ni servicios básicos, entre ellos Arenales, El Naranjo, La Besana y 21 de Marzo, además de comunidades donde persisten procesos de ocupación irregular del suelo como San Martín Cuautlalpan, Atlahuite, La Mora, El Llano, La Loma, El Olivar y Lomas de Tulancingo.
La mayoría de estos asentamientos se localiza en zonas periféricas del municipio, cerca de cerros, áreas de conservación y tierras ejidales, donde fraccionadores clandestinos han vendido terrenos sin contar con autorización ni infraestructura urbana.
En estos lugares las familias enfrentan condiciones precarias: falta de agua potable, drenaje insuficiente, calles sin pavimentar y servicios públicos limitados. A ello se suman riesgos ambientales, ya que varias viviendas se levantaron en áreas que originalmente estaban destinadas a la protección ecológica o al uso agrícola.
Especialistas en desarrollo urbano señalan que este fenómeno forma parte del crecimiento desordenado del oriente del Valle de México, donde la necesidad de vivienda ha sido aprovechada por intermediarios que comercializan terrenos de forma irregular.
Aunque el propio marco normativo municipal establece la obligación de vigilar y controlar los asentamientos humanos irregulares, el problema continúa expandiéndose en diferentes comunidades del municipio.
Para habitantes y observadores urbanos, la proliferación de estos asentamientos refleja la falta de una estrategia efectiva de ordenamiento territorial y control del uso del suelo, situación que no solo complica la planeación urbana, sino que también pone en riesgo áreas naturales y ejidales que aún sobreviven en el territorio de Chalco.