33 lecturas
“Dejó de cumplir su labor, la verdad, O sea, se imponen los países con mayor fuerza militar y eso no puede ser”, Declaró la presidenta ante pregunta expresa en la mañanera sobre su opinión de la función de la ONU. El mismo día, Melania Trump, esposa del presidente norteamericano presidió la reunión del Consejo de Seguridad de la ONU, en su discurso mencionó que “los Estados Unidos apoyan a todos los niños de todo el mundo”, hablar de los “niños en conflicto” es una de las tantas incongruencias que han marcado a la ONU sobre todo en el contexto reciente del genocidio en Gaza, niños masacrados o condenados a muerte por inanición, enfermedades o falta de agua; o el reciente bombardeo a un colegio de niñas en Irán: Melania y Donald Trump, ligados directamente a los archivos Epstein, señalados por trata de menores y actos innombrables con niños y niñas.
Cabe recordar que antes de Melania, Ghislane Maxwell fue invitada un par de veces a la ONU, en 2013 y 2014, como fundadora del “proyecto de conservación oceánica TerraMar”. La burla a las
instituciones o el desenmascaramiento de las mismas ha sido característica del período trumpista, los ejemplos están en el Nobel a María Corina Machado, o el premio especial a Trump por parte de la FIFA.
Se explica su silencio con la masacre gazatí; la institución creada por 51 países en 1945 cuyos objetivos eran “mantener la paz y la seguridad internacionales, fomentar la cooperación y proteger los derechos humanos”, una institución que poco puede hacer ante el derecho de veto de cinco miembros permanentes entre los que destaca por supuesto Estados Unidos; los Cascos Azules, la “fuerza de paz” de la institución ha sido acusada de abusos sexuales y la mayoría de los señalados permanece en la impunidad.
Burocratismo, sesgos ideológicos y políticos cuyo presupuesto para este año es de 3,450 millones de dólares más 5,400 MDD para el mantenimiento de los Cascos Azules. México ha pagado parte de los 42.1 MDD y entre 15 y 20 MDD, es decir, entre 57.1 y 62.1 MDD y aún nos faltan 20 MDD para cubrir la membresía.
Cabría preguntarse de la utilidad de permanecer en un organismo que desde el fin de la Segunda Guerra solamente ha servido a los intereses de Estados Unidos; una fachada muy cara para “limpiar” los excesos de las potencias para solo emitir una “condena” tardía y tibia que sirve al mundo menos de lo que sirve un pañuelo desechable.
Ana María Vázquez
Dramaturga/Escritora
@Anamariavazquez