Visitas
REDACCIÓN
Ana Karen Nute Téllez, de apenas 19 años, salió del Fraccionamiento Villas del Sauces, en San Antonio la Isla, convencida de que un viaje rápido la devolvería a casa. Nunca imaginó que esa motocicleta sería la última pista de su paradero.

Eran cerca de las once de la noche cuando solicitó un servicio de transporte por aplicación. La unidad llegó sin demora. Cámaras de seguridad captaron el instante exacto: la joven sube como pasajera detrás de un hombre que cubría su rostro con una gorra, gesto que hoy estremece. La moto arrancó y desapareció entre las calles oscuras.

Minutos después, el sistema marcó el viaje como “finalizado”. Pero Ana Karen no llegó. Su teléfono dejó de responder, como si alguien hubiera arrancado de golpe su voz del mundo. Sus padres esperaron durante horas, con el corazón apretado, hasta que la madrugada confirmó el peor temor.
Al amanecer, la denuncia fue presentada y la ficha de búsqueda comenzó a circular. Pero cada hora sin noticias enfría el rastro. Vecinos y amigos siguen incrédulos. “Era tranquila, no se metía en problemas. No es justo”, dijo una amiga entre sollozos. Otros señalan con rabia la falta de controles en este tipo de servicios. “Nunca sabes quién maneja, cualquiera puede subirte”, comentó un residente.

La comunidad vive en zozobra. La imagen de la joven alejándose sobre dos ruedas se repite como una pesadilla colectiva. Mientras las autoridades rastrean cámaras y trayectos, una familia se consume en la espera.
“Si alguien sabe algo, que hable”, suplican los padres. El silencio, espeso y cruel, se ha convertido en el principal enemigo. Ana Karen sigue desaparecida y la motocicleta que prometía llevarla a casa hoy es símbolo de miedo, desconfianza y una herida abierta que no deja de sangrar.