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Boletos falsos, piratería, venta de drogas, trata de personas, lavado de dinero, apuestas son algunas de las cosas que se llevan a cabo
Ana E. Rosete
La Copa Mundial de la FIFA 2026 —que se celebrará en México, Estados Unidos y Canadá— no solo atraerá aficionados: también abre una ventana de oportunidad para el crimen organizado. De acuerdo con un análisis de la Universidad Autónoma de Coahuila, al menos ocho fuentes de ingreso ilícito se activan con eventos deportivos de esta magnitud.
Boletos falsos y duplicados. En mundiales recientes, autoridades europeas han reportado que hasta 1 de cada 10 boletos ofertados en reventa digital resultó fraudulento. Para 2026, con una asistencia proyectada de más de 5 millones de turistas en sedes, el mercado negro digital y físico crecerá.
Mercancía pirata. La industria de la falsificación mueve más de 460 mil millones de dólares anuales a nivel global, según estimaciones internacionales. En eventos deportivos, la piratería puede cubrir hasta 30–40% de la demanda de souvenirs por sus precios bajos frente a productos oficiales.
Venta de drogas. En torneos internacionales se registra un aumento de 15 a 25% en el consumo recreativo en zonas turísticas. El Mundial 2026 abarcará más de 100 partidos en 16 ciudades, ampliando puntos de venta y rutas.
Trata de personas con fines sexuales. Organismos de derechos humanos documentan que grandes eventos disparan la explotación sexual en 20–30% en ciudades sede, especialmente contra mujeres y menores, mediante redes de prostitución y pornografía.
Lavado de dinero. Negocios de corta duración (bares, restaurantes, tiendas temporales) facilitan la mezcla de recursos ilícitos. En México, el lavado representa entre 2 y 5% del PIB, y eventos de menos de 40 días dificultan la fiscalización.
Apuestas no reguladas. El mercado ilegal de apuestas deportivas supera los 1.7 billones de dólares a nivel global. Plataformas sin licencia y esquemas físicos proliferan durante torneos de alta demanda.
Fraudes en hospedaje y tours. En eventos masivos, plataformas de verificación han detectado que hasta 20% de anuncios de alojamiento temporal pueden ser engañosos (propiedades inexistentes o sobrevendidas).
Extorsión a operadores turísticos y vendedores. Comercios formales en zonas de alta afluencia suelen enfrentar cobros ilegales; cámaras empresariales han reportado incrementos de 10–15% en denuncias durante picos turísticos.