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Saqueo masivo de bebidas alcohólicas… Inició como un brutal accidente y terminó en rapiña colectiva

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En la México–Querétaro, un tractocamión, volcó tras intentar esquivar otro vehículo, el conductor quedó atrapado, mientras decenas de personas aprovecharon el desastre

REDACCIÓN
GRUPO CANTÓN

En el municipio de Jilotepec la tarde del lunes sobre la autopista México–Querétaro se convirtió en un escenario donde la tragedia humana fue sepultada bajo la codicia colectiva. Un tractocamión terminó volcado, despedazado, sobre el kilómetro 104, luego de que el conductor intentara esquivar a otro vehículo. El impacto fue brutal: fierros doblados, cristales pulverizados y un operador atrapado en la cabina deformada. Sin embargo, la escena no derivó en solidaridad ni urgencia por ayudar. Lo que siguió fue una estampida de rapiña.

Vecinos de San Miguel de la Victoria y automovilistas que quedaron varados descendieron de sus vehículos, no para auxiliar, sino para correr hacia la mercancía esparcida. Había botellas y cajas de licor regadas por el pavimento, y la multitud se abalanzó sobre ellas como si se tratara de un botín legítimo. Empujones, gritos, risas y hasta golpes marcaron el saqueo. “No tenían vergüenza, se peleaban por cajas mientras el chofer seguía atrapado… parecía una escena de animales”, narró entre indignación y miedo uno de los testigos.

La Guardia Nacional tardó en contener el descontrol. En un primer momento fueron rebasados; apenas podían abrir paso para los cuerpos de emergencia mientras hombres y mujeres huían cargando botellas bajo el brazo. Ese lapso fue suficiente para que buena parte de la carga desapareciera. Paralelamente, el tránsito quedó paralizado por completo: kilómetros de filas inmóviles, desesperación, bocinazos, y rutas alternas colapsadas.

Habitantes de la zona reconocen que no es la primera vez que un accidente se transforma en rapiña, pero esta ocasión fue distinta por el nivel de frialdad mostrado. “Se perdió el sentido humano, aprovecharon el dolor para robar”, lamentó otra vecina que presenció el saqueo con vergüenza ajena.

El accidente, además de revelar la fragilidad vial, dejó expuesta una herida más profunda: una sociedad que, ante la desgracia, elige arrebatar antes que ayudar. Una postal cruda donde el metal partido, la sangre y las manos cargando botellas narran, sin palabras, una derrota moral que pesa más que cualquier siniestro carretero.

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