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La corona y la toga

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El contraste entre el virtual presidente de la Corte, Hugo Aguilar Ortiz y la portada de Forbes México no puede ser más elocuente, Forbes muestra a las “100 Mujeres más Poderosas” de México, sin embargo, tanto en la composición de la portada como en interiores destaca una presencia, con vestido verde de encaje y una pequeña corona adornando el cabello recogido; media sonrisa, ojos grandes y cejas gruesas, muy arqueadas. El resto de la composición está formado por mujeres que parecerían comunes, algunas, como Laura Esquivel con traje típico, pero pareciera hecho a modo de destacar, la figura de Altagracia Gómez Sierra, titular del Consejo Coordinador Empresarial y asesora del gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum. En páginas interiores el primer y muy amplio reportaje es el de Altagracia, ilustrado con una fotografía en fondo oscuro y su laaaargo vestido, las manos descansan sobre sus piernas cruzadas y ella mirando directamente a cámara, con esa misma media sonrisa. Una foto, casi de realeza.

En contraste, el virtual presidente de la corte, el mixteco Hugo Aguilar Ortiz ha causado revuelo, ya no solo por su origen, sino también al declarar que pretende dejar de usar la tradicional toga para sustituirla por el traje de gala típico; unos alegan que el “Diario Oficial de 1941” decretaba el uso de la toga y detalla que debe ser: “de seda mate negra, con cuello, vueltas y puños de seda brillante del mismo color” y más allá de los “uniformes”, lo que ambos casos muestran es la gran desigualdad social en la que aun vivimos, el país en el que a un empresario se le tiene que obligar (ya por más de 10 años) a limpiar las aguas del Río Sonora, mientras que en la mañanera se exhibe el “programa para limpieza de playas” en los que los ciudadanos participan, cuando son estos mismos empresarios, representados por la señora Gómez Sierra, los que han permanecido ciegos y sordos ante la contaminación y toxicidad de sus productos, o cuando afuera de Palacio Nacional, los maestros piden que los bancos dejen de manejar las Afores y quiten las garras de los intereses que su dinero produce. La desigualdad está a la vista todos los días, tanto en el “empresario” que cotidianamente llega a su televisora en su helicóptero como en el trabajador de Tlanepantla al que le quieren quitar las mulas con las que tira de su carreta de basura.

Ana María Vázquez

Escritora/Dramaturga

@Anamariavazquez

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