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Salvador Guerrero Chiprés
Tener un determinado “sello” o carecer de él es parte central del debate entre las personas aspirantes de la presidencia de la República.
¿Se está dentro del movimiento o en sus márgenes o de plano fuera de él?
¿Se es más o menos cercano a la figura del presidente Andrés Manuel López Obrador? ¿Se pertenece a una generación de lucha o a una de usufructo de la lucha de los progenitores? ¿Se tiene respaldo de los medios de comunicación adversarios del primer mandatario?
Además, para dos generaciones de la democracia cristiana y de la social democracia, de la derecha y de la izquierda, que detestan al PRI, un sello clave es el haber pertenecido o no a ese partido.
Es parte de una discusión más amplia ¿se profundiza la continuidad con quienes estén más lejos de lo más ingrato a la memoria popular a juzgar por los resultados electorales de los últimos años, desde 1997, es decir PRI?
Las señales más contundentes de designaciones en la última semana apuntan a consolidar figuras y perfiles desde dentro del movimiento y no solamente del partido. Martí Batres, Luisa Alcalde, Marath Bolaños.
Todos representativos del corazón de dos generaciones creadoras y creadas dentro del movimiento
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