Miserables

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Rafael Loret de MOLA

Dicen quienes siguen con pasión las actuaciones presidenciales –mediáticas en buena medida a través de las “benditas” redes sociales a las que tiene bien controladas–, que cien días de gobierno no bastan para poner el sello y comenzar el andar de la Cuarta Transformación sugerida por López Obrador desde el inicio de su campaña por la Primera Magistratura del país. Sabemos de sobra que al asumirse el poder, cambian las perspectivas inmediatas; pero no digan que todavía es temprano tras el paso de tres meses y doce días y no sé cuántas conferencias “mañaneras” que han dejado botados ya a los de mayor edad en un gabinete amorfo.

Ya dije que la gestión presidencial merece ser aprobada –le pongo, por el momento, un ocho pese a la constancia de sus radicales que ofenden y rastrean mi trabajo sin cesar–, por su decidido acento para exhibir los crímenes del pasado inmediato si bien no vemos a los mayores responsables de ellos detrás de las rejas: ni a los huachicoleros, ni a los saqueadores de Pemex, ni a los cómplices del gobierno anterior en materia de construcciones que no serán terminadas pero sí indemnizadas, ni a quienes mantienen, desde la política, nexos con el crimen organizado aun cuando el presidente anunció que la guerra contra el narcotráfico “ya no existe”. Todavía no salimos de la sorpresa.

Fíjense: salinas apresó a “La Quina” en el primer mes y medio de su gestión; zedillo hizo lo mismo, en menos de tres meses, al aprehender a Raúl Salinas, el hermano incómodo de su predecesor; fox actuó en sentido contrario abriéndole la puerta del penal de Puente Grande a Joaquín Guzmán Loera, “El Chapo” quien se paseó por México, sin problemas, durante doce años; calderón se pasó los primeros cien días de su gobierno y varios meses más tratando de legitimar un mandato usurpado en las urnas, sin lograrlo nunca; y el miserable peña se dio el lujo de encarcelar a la poderosa Elba Esther Gordillo a menos de tres meses de su ascensión presidencial. Tiempo tuvieron para ello.

Por supuesto se insiste en que tales procederes se debieron a venganzas políticas pero el fondo de cada controversia es que se los encarcelados eran delincuentes de cuello blanquísimo y los fugados formaron parte de la protección de una derecha siempre temerosa