La maldición de la Minerva

La maldición de la Minerva

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Armando Ramirez

El edificio de la Secretaría de Educación Pública es recinto con historia y visitarlo es aprender de nosotros; fue antiguamente el convento de la Encarnación, la parte sur y la parte norte fue la Aduana de Pulque.

Fue el gran José Vasconcelos quién se inspiró para “salvar a los niños, educar a los jóvenes, redimir a los indios, ilustrar a todos y difundir una cultura generosa y enaltecedora, ya no de una casta, sino de todos los hombres”. Quien fuera director del Departamento universitario y de Bellas Artes, quería no solo construir escuelas, aulas, sino enaltecer el espíritu y la esencia del ser mexicano.

Me pregunto qué piensan cuando insultan a sus empleados diciéndoles: “Oaxaco”, siendo que los oaxaqueños tienen de que sentirse orgullosos. Vasconcelos, este oaxaqueño nos dio la educación escolar en todo el país y en su época, mandó a publicar miles de libros con títulos de Platón, Sócrates, Aristóteles, San Agustín y Dante Alighieri. Y siendo secretario de Educación Pública ocupó su oficina, llevó una estatua de la diosa Minerva, la de la sabiduría, cuando dejó su cargó, se dice que ningún secretario de Educación quiso mover a la Minerva por temor a una exclamación que hizo Vasconcelos, el que mueva de ese lugar la estatua le irá mal. El único que movió de lugar a la Minerva fue Fausto Alzati, quien fue secretario de la SEP durante unas semana, pues luego fue cesado, digo, qué tanto es tantito.