Un relámpago

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Rafael Loret de MOLA

Pasó un mes como un relámpago, sin asimilar a plenitud la definitiva caída del PRI, el PAN, el PRD y la exclusión de otras corrientes, el PES y el PANAL, que se quedaron fuera de toda posibilidad de supervivencia. Fue un tsunami, sí, que inundó a la República desde los norteños desiertos hasta la estepa yucateca en donde el célebre cerro de Muna es el único pico que destaca sobre su orografía. Cambió el mapa político del país y los sabios dirigentes perdedores tienen tanta imaginación que sólo piensan en cambiar las siglas de sus partidos sepultados.

¿Conviene este panorama a los mexicanos? Si somos sensatos deberemos considerar varios factores de enorme importancia:

1.- Votaron por Andrés Manuel López Obrador treinta millones de mexicanos, un porcentaje de 53.18 por ciento, que le permite, además, bajo su sombra contar con un Congreso morenista, en su mayoría, con una fuerza popular jamás vista y dispuesta a defender su voto, si bien sólo en Puebla y algunas ciudades populosas del país, digamos Querétaro y Ciudad del Carmen entre otras, fue necesario el levantamiento general contra las imposiciones.

2.- Pese a ello, debe considerarse que, aproximadamente, veinticuatro millones de compatriotas se ocupó por sufragar por otras opciones: Anaya fue votado por 12 millones 610 mil mexicanos; Meade, por nueve millones 289 mil; y “El Bronco” por 2 millones 961 mil. Todos ellos conforman, en sí, un importante número de compatriotas que repelen, desde siempre, al candidato vencedor aunque reconocen su victoria y señalan hacia la administración peñista por la debacle pero no se cuestionan lo suficiente hacia dentro, a las escisiones partidistas, que pueden carcomer sus estructuras y derruirlas en las próximas semanas.

3.- Pese a ello, estos 24 millones de mexicanos, equivocados o no pero parte integral de la nación, requieren ser representados en democracia. Otra cosa sería que se impusiera, cerrando los ojos a cuanto sucedió en el pasado con un partido de Estado, a MORENA como instituto único con diferentes corrientes de opinión en su seno para no dejar fuera a nadie. Desde luego, no sé lo que pasará con la CNC, la CNOP y la temible CTM de otros tiempos, pilares que fueron de un partido muerto por el virus de la corrupción que cubrió toda la infraestructura partidista del partido del señor peña, el enterrador de la historia, el traidor, el gran ladrón, el genocida sin escrúpulos. ¡No se le puede perdonar!

Señalado lo anterior es menester referirnos al mayor logro de Andrés y su equipo en este su primer mes desde la victoria contundente, que muchos no esperaban en tan grande dimensión: el apaciguamiento en las relaciones bilaterales entre México y USA. Cómo si el “anaranjado” estuviera dispuesto a “adoptar” al próximo presidente quien reconoce que ambos “desplazaron al establishment”, aunque en el caso mexicano no se haya visto, por lo menos desde la superficie, las manos de los hackers rusos.

Por supuesto, lo anterior, dirigido sobre todo a la consumación de las largas discusiones sobre el TLCAN, no es óbice para olvidar la brutalidad migratoria de los estadounidenses, al dividir familias al estilo nazi, ni la imbecilidad de que los mexicanos pagáramos por el muro de la ignominia fronterizo. Y de esto, Andrés Manuel no ha dicho una sola palabra.

No olvide el presidente futuro, quien llegará al día de su investidura con el portafolio repleto, cuáles son sus prioridades: primero los pobres, dijo, y los trabajadores, decimos nosotros aunque, en tantos casos, sean los mismos.