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Herencia política la herencia de su legado

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Por Eduardo López Betancourt

Ha muerto Cuauhtémoc Cárdenas y con él termina una época; no obstante, su legado perdura. La democracia mexicana no se entiende sin su valentía para decir no cuando todos expresaban un sí.

Quiero precisar algo sobre el término «carro completo»; no fue una frase acuñada por él, sino una consigna del priismo para presumir que había conquistado todos los cargos, desde la Presidencia hasta la última Regiduría; era el símbolo del sistema autoritario que Cuauhtémoc combatió. En innumerables ocasiones manifestó su preocupación por el regreso de esa ilógica política, esto es, concentrar todos los espacios de poder bajo un mismo control. Me comentaba que era profundamente inadecuado que jueces, magistrados, legisladores y demás autoridades, quedaran sometidos a una sola voluntad; los poderes deben cooperar, no “doblar la rodilla”.

Lo conversamos varias veces en mi domicilio, donde nuestras reuniones se volvieron habituales; nunca estuvo de acuerdo con que el país permaneciera sujeto a un mando absoluto, para él eso no era transformación, sino regresión.

También advirtió, que mantener el control del órgano electoral convertiría al gobierno en una nueva versión del PRI. Con el tiempo, sus advertencias cobraron actualidad; señaló el peligro de que las instituciones perdieran su autonomía al estar subordinadas a un solo ámbito de poder. Cuando quien designa al árbitro es uno de los jugadores, la imparcialidad queda comprometida, surgen compromisos de lealtad y, eventualmente, de complicidad; la obligación deja de ser con la ley y se traslada a quien otorgó el puesto, así se reproduce el viejo “carro completo”, aunque se le dé otro nombre.

Cuauhtémoc rechazó siempre esa concentración y, lamentablemente, casi nunca fue escuchado. Su legado defendía exactamente lo contrario: soberanía institucional, división de poderes y votaciones libres, sin controles gubernamentales. Hoy, cuando la supremacía vuelve a centralizarse, sus exhortaciones adquieren especial relevancia. Recordar a Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano es recuperar la esencia de su lucha: la democracia no consiste en que todos obedezcan a uno, sino que existan instituciones capaces de ponerle límites.

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