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Por Hugo Torres Zumaya
Hay quienes creen que Benito Juárez es territorio perdido para la izquierda. Se equivocan quienes confunden una batalla difícil con una batalla imposible. Esta alcaldía no es una causa perdida, sino un territorio donde Morena tiene historia, causas que defender y una ciudadanía a la que no puede darle la espalda.
Fue aquí donde se abrió uno de los frentes más importantes contra el llamado cártel inmobiliario, una red de intereses y presuntas complicidades que puso en entredicho el desarrollo urbano y el respeto a la ley. Y hoy, Benito Juárez vuelve a colocarse en la primera línea de otra lucha fundamental: la defensa del patrimonio de las familias frente al despojo de inmuebles.
No son asuntos menores ni banderas que puedan guardarse por conveniencia política.
La historia también demuestra que nada está escrito. En 2012 y 2018, Andrés Manuel López Obrador obtuvo respaldo electoral en Benito Juárez, y las fuerzas de izquierda han conquistado diputaciones en esta demarcación. Esos antecedentes no garantizan triunfos futuros, pero sí desmontan la idea de que competir aquí carece de sentido. Si antes se pudo abrir camino, no hay razón para renunciar a construirlo de nuevo.
Por eso, abandonar la contienda o renunciar a dar la batalla merece una reflexión seria. La política no consiste únicamente en administrar victorias seguras ni en buscar refugio donde los resultados parecen más cómodos. También implica sostener principios, representar a quienes comparten una causa y dar la cara cuando las condiciones son adversas.
No competir con dignidad y dejar de acompañar las causas justas puede convertirse en un error moral y táctico.
Moral, porque la ciudadanía que ha confiado en un proyecto merece representación y compromiso. Táctico, porque retirarse de un territorio no elimina los problemas que ahí existen: simplemente deja de disputar quién los enfrenta y quién representa a sus habitantes.
El llamado es claro para Morena en la Ciudad de México, Benito Juárez no debe quedar fuera de la estrategia política ni convertirse en una plaza a la que se renuncie antes de dar la pelea. La organización territorial, el trabajo vecinal y la defensa de las víctimas del despojo requieren presencia permanente, no apariciones selectivas.
Benito Juárez necesita una izquierda que escuche, acompañe y compita; que no se conforme con denunciar los abusos, sino que esté presente junto a quienes los padecen. Una izquierda que entienda que la lucha contra el cártel inmobiliario y el despojo no termina con una declaración ni con una elección.