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El pueblo manda

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Por Ceci Vadillo

El pueblo organizado contra el Imperio

“Es una bocanada de aire fresco para América Latina y el Caribe”, dijo la presidenta Claudia Sheinbaum tras la victoria de Luiz Inácio Lula da Silva en la segunda vuelta presidencial de Brasil, con el 51.7% de los votos frente a Flávio Bolsonaro.

Brasil y México son las dos economías más grandes de América Latina y las únicas de la región entre las 20 mayores del mundo. Juntas representan más de la mitad de la producción latinoamericana, según cifras del Fondo Monetario Internacional.

La derecha continental llevaba semanas dando por hecho su triunfo, luego de ganar la primera vuelta. Pero el domingo Brasil le recordó que la esperanza también vota.

Lula remontó en una campaña marcada por presiones políticas y disputas digitales. Una investigación de Folha de S.Paulo reveló que trabajadores de Meta reconocieron restricciones que perjudicaron sus cuentas de Instagram. A ello se sumaron las presiones de Donald Trump, quien impuso aranceles del 50% a productos brasileños, recibió a Flávio Bolsonaro en la Casa Blanca y calificó la elección de “amañada” sin presentar pruebas.

Por primera vez en una elección presidencial brasileña quien quedó en segundo lugar en la primera vuelta consiguió ganar la elección. La pregunta es inevitable: ¿cómo lo hizo?

La respuesta está en la organización popular y la movilización de las conciencias.

En apenas tres semanas, miles de simpatizantes pasaron de recibir mensajes a convertirse en protagonistas de la campaña. Quienes estaban convencidos asumieron la tarea de hablar con los indecisos. La militancia se convirtió en una red de pequeñas y grandes vocerías.

Las redes sociales fueron fundamentales. A través de WhatsApp, videos y contenidos compartidos, la campaña construyó una enorme capacidad de comunicación. Pero su mayor acierto fue conectar esa movilización digital con la organización en las calles.

No se trataba solamente de defender a Lula, sino de recordar cómo las políticas de los gobiernos de izquierda habían mejorado la vida de millones de brasileños, ampliando oportunidades y garantizando derechos.

La victoria de Lula devuelve la esperanza a un continente donde la influencia estadounidense y los discursos de odio de la ultraderecha parecían imponerse como un destino inevitable. Brasil demuestra que la historia no está escrita.

Desde México, esta experiencia nos invita a reflexionar sobre tres tareas: no perder el contacto con las calles, utilizar las redes sociales como herramientas de organización y comunicación, y mantener en el centro las necesidades concretas de la población.

Hoy, desde Brasil, vemos que la organización popular sigue siendo una fuerza capaz de cambiar la historia.

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