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Entre tacos, fantasmas y pactos patriarcales

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Juan R. Hernández

En la Ciudad de México, la prepotencia no distingue nacionalidades ni cargos públicos.

En una taquería Orinoco apareció una mujer extranjera, bautizada en redes como “Lady Gringa”, quien convirtió una cena en espectáculo de clasismo y presunta discriminación.

“¿Cuánto ganan al año?”, preguntaba insistentemente a trabajadores y clientes, como si el tamaño de la cartera determinara la dignidad humana. Testigos la acusaron de insultar, agredir y lanzar expresiones ofensivas contra mexicanos. Hasta ahora, no se conoce denuncia formal ni detención.

El episodio deja una pregunta incómoda: ¿hasta cuándo se tolerarán estas conductas sin consecuencias?

Y hablando de prepotencia, en el terreno político capitalino también hay quienes pretenden decidir quién entra y quién sale.

La diputada Nora Arias lanzó una advertencia al secretario ejecutivo del IECM, Bernardo Núñez Hiedra: que no se comporte como “cadenero de antro”, porque carece de facultades para decidir quién representa al PRD.

La legisladora denunció violencia política en su contra y acusó al funcionario de reconocer a personajes declarados inelegibles, según sostuvo, por el Tribunal Electoral capitalino.

En vísperas del Día de Muertos, la ironía resulta inevitable: ¡en el IECM hasta los fantasmas quieren dirigir partidos!

Arias también exigió a Víctor Hugo Lobo, padre e hijo, sacar las manos del PRD, pues ambos militan en Morena. Advirtió que no permitirá que grupos ajenos se apoderen del partido.

En medio aparecen aproximadamente 40 millones de pesos en prerrogativas y cuestionamientos a Patricia Avendaño, presidenta del instituto electoral.

Dos escenarios distintos, una misma tentación: imponer autoridad mediante la soberbia. En la taquería se presume superioridad económica; en la política, poder institucional.

La dignidad no se mide en dólares ni se reparte desde una oficina electoral.

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