Síguenos

¿Qué estás buscando?

#bastaencorto

Ojo con los «Top 10»: cómo se cocinan las listas que circulan en internet

Visitas

Redacción

Los mejores tacos de la ciudad. Las diez playas que hay que visitar. Las cinco universidades más prestigiadas. Los mejores hospitales, los peores aeropuertos, las apps más útiles del año. Internet funciona con listas, y casi nadie se pregunta quién las hizo ni con qué regla.

La respuesta incómoda es que en la mayoría de los casos el ganador quedó decidido antes de que empezara la evaluación. No por corrupción —aunque también—, sino por algo más sutil: por la forma en que se eligieron los criterios.

La trampa no está en los datos, está en el peso

Supongamos un ranking de restaurantes con cuatro criterios: sabor, precio, servicio y limpieza. Parece justo. Ahora la pregunta que nadie hace: ¿cuánto vale cada uno? Si el sabor pesa 70% y el precio 10%, gana el restaurante caro. Si el precio pesa 40%, gana la fonda. Los datos no cambiaron. Cambió la ponderación, y con ella el ganador.

Ese es el secreto de casi toda lista publicada: quien define los pesos define el resultado. Y los pesos casi nunca se publican. Cuando una lista dice «evaluamos calidad, precio y atención» sin decir cuánto vale cada cosa, está pidiendo que le crean sin mostrar la cuenta.

Los rankings universitarios como caso de escuela

El ejemplo más estudiado del mundo son los rankings de universidades. Los grandes rankings internacionales dan mucho peso a la producción de investigación y a las citas académicas. Resultado: ganan siempre las universidades grandes, viejas y anglosajonas.

Si el mismo ejercicio se hiciera pesando la empleabilidad de los egresados, la movilidad social que generan o el costo para el estudiante, la tabla se daría vuelta por completo. Hay estudios que lo han hecho y el resultado es irreconocible. Ninguna de las dos listas miente. Están respondiendo preguntas distintas y presentándolas con el mismo título.

Lo mismo pasa con las estadísticas oficiales, con la diferencia de que ahí sí se publica la metodología. El INEGI documenta cómo construye cada indicador precisamente porque sin esa documentación un número no significa nada. Es la vara con la que conviene medir cualquier lista: si no explica cómo llegó al resultado, no es una medición, es una opinión con tabla.

Cuando la lista sí publica su receta

Hay excepciones, y sirven para ver el mecanismo funcionando. Los rankings de servicios digitales suelen ser más transparentes que los de restaurantes, quizá porque sus lectores son más desconfiados.

Uno reciente de la prensa chilena ordena operadores de juego en línea combinando licencia vigente, tiempos de retiro y atención al cliente, y explicita cuánto pesa cada variable. Quien revise el ranking completo verá que basta mover un solo criterio —la velocidad de pago— para reordenar por entero los primeros puestos. Exactamente lo mismo que pasa con las universidades cuando se cambia la ponderación de la investigación.

Ese es el valor de publicar la receta: permite discutir el resultado. Un ranking que muestra sus pesos se puede rebatir con argumentos; uno que no los muestra solo se puede creer o no creer.

Cuatro preguntas antes de creerle a una lista
  • ¿Quién la hizo y quién la pagó? Si el patrocinador aparece en el top tres, ya está todo dicho.
  • ¿Publica los criterios y sus pesos? Los criterios sin pesos no sirven para nada.
  • ¿Cuántos evaluados hay? Un «top 10» sacado de doce candidatos es un top 10 muy fácil.
  • ¿De cuándo son los datos? Media internet recicla listas de hace tres años cambiándoles el año del título.
Por qué importa

Podría parecer un problema menor —al final son listas de tacos—, pero estas tablas mueven dinero y decisiones reales. Una familia elige universidad con un ranking. Un paciente elige hospital. Un ayuntamiento presume una posición en un índice de ciudades para justificar un presupuesto. Y muchas de esas tablas se armaron con criterios que nadie discutió porque nadie los vio.

La próxima vez que una lista diga «los diez mejores», la pregunta correcta no es cuál quedó primero. Es quién decidió qué significaba «mejor».

Te puede interesar

Advertisement