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La nadadora, octava del mundo, entrena cinco horas diarias en el agua y busca su primera medalla panamericana, mientras financia de su bolsillo parte de sus competencias
Ana E. Rosete
A Mary Fer Florida no le basta con nadar contra el cronómetro. También debe vencer sus propios miedos, encontrar instalaciones accesibles y conseguir dinero para competir. Entre brazadas, gelatinas, dulces y rifas, la nadadora paralímpica construye el camino hacia Lima 2027, donde sueña con conquistar su primera medalla panamericana.

Desde Zumpango, Estado de México, su historia en el agua comenzó en el Teletón. De niña, su mayor anhelo era caminar y ser independiente. Cuando cumplió 18 años y alcanzó ese objetivo, le recomendaron practicar deporte para mantener su condición física. Probó distintas disciplinas hasta que encontró en la natación una actividad que, al principio, ni siquiera sabía cómo realizar.
Hoy, aquella principiante ocupa el octavo lugar del mundo y se ubica entre las mejores de América. Su preparación rumbo a los próximos Juegos Panamericanos incluye tres horas de entrenamiento por la mañana, dos por la tarde y una más de acondicionamiento físico.

El esfuerzo también significa sacrificar reuniones familiares, salidas con amigos y hasta sus antojos favoritos. Para Mary Fer, acostumbrada a disfrutar la comida mexicana, seguir una dieta exige tanta disciplina como completar una sesión en la alberca.
Pero el presupuesto también pesa. Aunque recibe apoyos de la Conade y del Estado de México, no todas sus competencias están cubiertas. Los viajes a selectivos y torneos clasificatorios pueden salir de su bolsillo. Por eso vende gelatinas y dulces, organiza rifas con su familia e incluso ha salido a botear para reunir recursos.

A las dificultades económicas se suman las barreras físicas: en Zumpango las albercas disponibles no reúnen las condiciones necesarias para entrenar como requiere. En ocasiones debe trasladarse hasta la Ciudad de México para acudir a instalaciones de alto rendimiento.
Su mayor inspiración es su madre, quien buscó rehabilitación desde que Mary Fer nació con una discapacidad y nunca dejó de impulsarla. Aun así, reconoce que el miedo sigue presente: teme no ser suficientemente buena o no pertenecer al deporte paralímpico.

No pretende ocultarlo, sino aprender a controlarlo. En Lima 2019 vivió sus primeros Juegos Panamericanos. Ahora quiere regresar por una medalla y después perseguir otro sueño: llegar a los Juegos Paralímpicos de Los Ángeles 2028.
Mientras tanto, cada brazada cuenta. Y cada gelatina vendida también.
