Síguenos

¿Qué estás buscando?

Voces

El abrazo del viento

21 lecturas

Por Eduardo López Betancourt

Patricio de seis años y Mauricio de cuatro, eran hermanos inseparables; no les faltaba nada, vacacionaban en una hermosa casa cerca de la costa, con árboles frutales, alberca y un cuarto lleno de juguetes. En el Colegio Elton sus maestras los querían mucho, pero su mayor riqueza la representaba el amor que los rodeaba. Clarita, su mamá, les preparaba desayunos con forma de osito, planchaba sus uniformes y cada noche les leía dos cuentos; siempre les decía: «Ustedes son mi orgullo, mis valientes».

Sus abuelos, Elba y Eduardo, los consentían con historias y paseos. Elba les enseñaba a conocer las plantas y Eduardo les repetía una lección que nunca olvidarían: «Si uno se cae, el otro lo levanta».

Un día, durante sus vacaciones el cielo se oscureció; el huracán Lidia había cambiado de rumbo y avanzaba hacia la costa. Mientras Clarita cerraba las ventanas, Patricio salió al jardín por su carrito azul, Mauricio corrió tras él, entonces llegó el ciclón; el viento rugía como una bestia, las palmeras se doblaban y la lluvia golpeaba sus rostros. Patricio perdió el equilibrio y Mauricio cayó sobre el pasto mojado, ambos se abrazaron con todas sus fuerzas, Patricio protegió a Mauricio, quien se aferró a su cuello, recordando los “abrazos de oso” que su mamá les daba cuando tenían miedo. Por más de dos horas soportaron juntos las inclemencias del clima, al tiempo que Clarita, acompañada por Elba y Eduardo, los buscaba desesperadamente.

Finalmente, las ráfagas de aire amainaron, Clarita los encontró enlodados, asustados, pero con sus bracitos entrelazados el uno al otro. Los estrechó contra su pecho y, entre lágrimas, les dijo: «¡Mis amores, mamá los ama más que a nada en el mundo!».

Después regresaron a la ciudad y, en el colegio contaron su aventura. Les preguntaron ¿qué podía vencer a un huracán? respondieron: «¡El abrazo!»

Porque comprendieron que, ante las tempestades, el amor nos da fortaleza para resistir la adversidad.

Y así crecieron, unidos perennemente por el cariño de su madre Clarita y de sus abuelos Elba y Eduardo.

Te puede interesar

Advertisement

This will close in 0 seconds