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Por Eduardo López Betancourt
Sin duda, en todos los ámbitos de la vida encontramos fallas, ya sean intencionales o no. En los deportes, esto es el pan de cada día: arbitrajes parciales, decisiones equivocadas, favoritismo y, por si fuera poco, fenómenos que desafían la lógica.
Actualmente, se están celebrando los playoffs de las Grandes Ligas, la etapa donde los mejores equipos de la Liga Americana y la Nacional se disputan el campeonato de la Serie Mundial. Es un evento esperado con gran ansiedad por millones de fanáticos en todo el mundo, pero particularmente en los Estados Unidos, cuna de este deporte.
Aunque la tecnología ha avanzado para reducir los errores, siguen ocurriendo casos inesperados donde las decisiones arbitrales resultan sumamente cuestionables. Recientemente, en un juego de postemporada entre los Padres de San Diego y los Cerveceros de Milwaukee, estos últimos triunfadores por tres carreras a dos, se vivió una auténtica picardía. En la novena entrada, el jugador de San Diego, Ty France, conectó un batazo con hombres en base que parecía irse de cuadrangular para darle la vuelta al marcador. Sin embargo, la bola pegó en el techo del estadio American Family Field y cayó directamente en el guante del jardinero de Milwaukee, Jackson Chourio.
Para sorpresa de muchos, los árbitros y el sistema de revisión declararon el out. Resulta absurdo que una pelota que toca el techo, un elemento ajeno al desarrollo natural del juego, conserve la validez para un out de aire. El hecho de que el juego se celebrara en Milwaukee dejó en el aire una sensación de resolución localista, alimentando la sombra de la sospecha en el deporte.
Así es la vida, intensa en sinvergüenzuras, mentiras y fraudes, y el deporte profesional no parece escapar a ello. Decisiones erróneas y un sinnúmero de males provocan la irritación de un público ávido de justicia deportiva.
Resulta decepcionante que el público, ya sea en el estadio o a través de pantallas, tenga que presenciar con amargura cómo las corruptelas y los criterios absurdos empañan el espíritu de la competencia.
