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Por Ana E. Rosete
Nos vendieron la Inteligencia Artificial como la gran revolución creativa: producir más, hacerlo más rápido y abrir posibilidades que antes parecían imposibles. Lo que casi nadie dice es que, para miles de trabajadores, esa revolución puede significar algo mucho más complicado: menos trabajo.
Mi papá trabaja en la industria audiovisual. Durante años ha formado parte de equipos de producción y, desde su experiencia, hay una percepción cada vez más extendida: el trabajo ha disminuido. No es una impresión aislada. Amigos suyos y compañeros con décadas dentro del medio coinciden en lo mismo: hay menos llamados, menos jornadas y producciones que están recurriendo cada vez más a herramientas de Inteligencia Artificial para reducir personal y costos.
Hablamos de cine, comerciales, series, cortometrajes, videoclips, campañas publicitarias, contenidos digitales y toda esa industria que funciona gracias a cientos de personas cuyos nombres rara vez aparecen en pantalla.
Las productoras han descubierto que algunas herramientas de IA pueden generar imágenes, escenarios, personajes, voces y efectos en una fracción del tiempo y del costo que antes requerían equipos completos.
El problema no es utilizar IA. Sería absurdo pretender detener la tecnología. El verdadero debate está en cómo se utiliza y qué ocurre con los trabajadores que quedan desplazados.
Porque una cosa es que la inteligencia artificial ayude a un equipo y otra muy distinta es que sea utilizada para sustituirlo.
Detrás de cada producción hay asistentes de cámara, iluminadores, sonidistas, tramoyistas, dollystas, editores, fotógrafos, maquillistas, diseñadores, animadores y técnicos. Oficios construidos durante años que ahora pueden comenzar a considerarse prescindibles frente a una herramienta que no cobra salario ni prestaciones.
La industria puede producir más contenido que nunca y, paradójicamente, ofrecer menos oportunidades para quienes saben hacerlo.
La pregunta no debería ser solamente cuánto dinero puede ahorrar una productora con IA. También habría que preguntar cuántos empleos está desplazando y qué responsabilidad existe con quienes viven de ellos.
Porque la IA puede ser una extraordinaria herramienta creativa. Lo preocupante es que, bajo el argumento de la innovación, termine convirtiéndose en la fórmula para que una industria produzca más mientras quienes la han sostenido durante décadas trabajan cada vez menos.
