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Cuidado con el Verde

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Por Ricardo Sevilla

El Partido Verde ha pasado de ser un partido satélite a convertirse en un aliado arrogante que quisiera convertirse en el dueño de la llave constitucional del país.

Y hay que hablar al respecto. Y fuerte. Y tratar de entender por qué Ariadna Montiel y Citlali Hernández están enfrentando una ola de críticas. Esto tiene un origen. Y la gente debe saberlo.

En su afán por consolidar la Cuarta Transformación, Morena le abrió las puertas a una fuerza política que jamás buscó transformar México, sino cobrar un peaje desmedido por su base electoral.

Pero vayamos más a fondo. Para sacar adelante cualquier reforma constitucional se requieren dos terceras partes del Congreso de la Unión. Y ése es el problema de fondo porque ahí la realidad matemática es aplastante, porque aun cuando Morena obtenga por sí solo una abrumadora mayoría simple, se queda corto frente al umbral constitucional.

Conscientes de este hecho, la dirigencia del PVEM ya no pide ni negocia: exige. Exigen presidencias en comisiones legislativas clave, candidaturas prioritarias en gubernaturas como San Luis Potosí o Nayarit y cuotas en gabinetes estatales y federales. Y muchos de estos caprichos se los han concedido.

El partido rémora no solo se ha nutrido del movimiento de Transformación, sino que hoy condiciona la gobernabilidad del país a cambio de parcelas de poder e impunidad.

Y amenaza con tomarlas, si no se las dan.

Y ahí las bases y simpatizantes de Morena tienen la responsabilidad de alzar la voz antes de que el costo sea irreversible. La alianza con el PVEM garantizó triunfos territoriales en el Sureste —como Chiapas y Quintana Roo—, pero el interés acumulado de esa deuda política se está pagando con los principios del propio movimiento.

Permitir que un partido caracterizado por la extorsión política, el desacato a la ley y el oportunismo ideológico dicte los términos del proyecto de nación no es pragmatismo estratégico: es una claudicación moral. Si la Cuarta Transformación prometió erradicar los vicios del viejo régimen, no puede sostenerse sobre los hombros de quienes representan, precisamente, la versión más cínica de la política mexicana.

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