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¿Quién vigila al que vigila los memes?

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Por Ana E. Rosete

México tiene una relación bastante peculiar con el poder: primero lo critica, después lo convierte en meme y, cuando puede, lo vuelve piñata. Por eso la llamada “Ley Antimemes” no debería despacharse con un simple “no pasa nada”. Tampoco con el argumento contrario de que mañana habrá gente presa por burlarse de un funcionario.

El Senado aprobó la reforma con 72 votos a favor y 34 en contra. El texto modifica, entre otras disposiciones, el artículo 403 Bis para castigar con uno a cinco años de prisión y multas de mil a diez mil UMA el uso, a escala comercial, de identidad gráfica, dominios o documentos oficiales cuando se utilicen para inducir al error o engaño con la intención de cometer un ilícito.

Hasta ahí, el objetivo parece bastante claro: perseguir fraudes que se disfrazan de gobierno, incluidos aquellos fabricados con inteligencia artificial. La propia Presidencia puso como ejemplo videos falsos en los que se clona la imagen o voz de funcionarios para engañar a ciudadanos.

El problema comienza donde terminan las certezas. El Gobierno sostiene que la reforma no sanciona memes, sátira ni crítica política. La oposición y especialistas han advertido que la redacción puede dejar espacios de interpretación, particularmente porque una norma penal debe definir con precisión qué conducta constituye delito.

Y ahí está la pregunta incómoda: ¿quién vigila al que vigila los memes?

Porque una democracia no se mide únicamente por las leyes que protegen al Estado de los estafadores. También por la claridad con la que protege al ciudadano frente a interpretaciones arbitrarias.

Un meme puede ser absurdo, vulgar, injusto o políticamente incómodo. Y precisamente por eso pertenece al territorio de la libertad de expresión. Otra cosa es utilizar la identidad de una institución para engañar y cometer un fraude.

La frontera debería ser cristalina. No porque los memes necesiten fuero, sino porque el poder necesita límites.

Y si para demostrar que una ley no censura hay que repetirlo tantas veces, quizá el siguiente paso no sea perseguir al meme, sino revisar con lupa la redacción.

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